Santiago Rivera & Marcelo Roffé

Palabras claves: inteligencias múltiples, inteligencia emocional, inteligencias: practica, interpersonal e intrapersonal y exitosa, futbol, rendimiento

Introducción

En este trabajo desarrollaremos el concepto de inteligencia y su relación con la resolución de problemas y la toma de decisiones en el fútbol, es decir su relación directa con el rendimiento.
Tomaremos los tipos de inteligencia que nos nutran a los fines de esta relación y finalizaremos planteando un modelo de inteligencia aplicado, recientemente presentado en el último Congreso Europeo de Psicología del Deporte.
El esquema que intentaremos desarrollar en este trabajo incluye:

  1. introducción al concepto de inteligencia
  2. inter-relación con el futbol como deporte
  3. desarrollo de las inteligencias aplicadas al fútbol y el rendimiento
  4. propuesta de un modelo de inteligencia aplicado
  5. conclusiones
  6. bibliografía

1. Introducción al concepto de inteligencia

Según Sternberg (2000), en 1921 un panel de expertos especialmente consultados para determinar que era la inteligencia llegó a la conclusión de que esta era la capacidad para adaptarse exitosamente al ambiente. Los autores hacían un fuerte énfasis en los procesos mentales básicos y de orden superior tales como la resolución de problemas y la toma de decisiones. Estos dos ejes los consideramos claves a los fines de este trabajo. En 1986 un simposio similar realizado con el propósito de revisar los acuerdos y discrepancias entre los teóricos en los últimos 65 años puso de manifiesto que si bien las conductas inteligentes eran mas o menos las mismas, se otorgaba mucho mas importancia a los procesos cognitivos básicos (Castro Solano / Benatuil, 2008). Siguiendo a estos autores a finales del siglo XX, en cambio, el acento está puesto más en los procesos del funcionamiento mental que en los productos. La inteligencia dejó de considerarse un constructo fijo para la predicción del rendimiento educativo y/o laboral para ser una capacidad maleable que podía modificarse y entrenarse y que los comportamientos inteligentes variaban según el contexto de aplicación y la tarea por resolver (Sternberg, Lautrey y Lubart, 2003).
Respecto del Coeficiente Intelectual (CI), si bien no se sabe de que está compuesto el CI lo que si se sabe es que las capacidades que generalmente se encuentran ¨dentro de él¨ son bastante estables, heterogéneas y están ligadas o bien al rendimiento educativo como al laboral. Hoy en día los autores consideran que el CI es una combinación de habilidades que se requieren para sobrevivir en una determinada cultura (Castro Solano, Benatuil, 2008). En deportes no se ha establecido una validación de los test de inteligencia en relación al rendimiento y su optimización. Siguiendo a Sáenz (2009) el nivel socioeconómico no determina el coeficiente de inteligencia.
Los autores que elegimos para este trabajo asumen una redefinición del concepto de inteligencia clásico. Las emociones interactúan con las cogniciones y los comportamientos inteligentes son el resultado de la combinatoria de ambas. Así surgen nuevos constructos psicológicos como la inteligencia intrapersonal de Gardner (1983), la inteligencia emocional de Mayer y Salovey (1997), y la inteligencia práctica de Sternberg (1985). Desde este punto de vista, ¨ser inteligente¨ es tener competencia para comprender las propias emociones y la aptitud para usarlas de modo que puedan facilitarse los pensamientos (Mayer y Salovey, 1997, Salovey, Woolery y Mayer, 2000). Los autores modernos consideran que la inteligencia se puede entrenar y que se puede enseñar a ser ¨mas inteligente¨. La diferencia radica en aquello que se considera comportamiento inteligente. Gardner (2000) considera que la inteligencia es un potencial biológico que se puede actualizar sobre la base del esfuerzo y del entrenamiento en períodos de aprendizaje crítico con planes educativos adecuados una vez identificados los talentos individuales. Por lo tanto la inteligencia es absolutamente modificable. De los cuatro modelos de inteligencia (Dadvidson y Downing, 2000), citados por Castro Solano y Benatuil (2008), estaremos posicionados en los denominados modelos complejos, caracterizados por combinar aspectos de las teorías biológicas, jerárquicas, y contextuales. Incluyen la interacción entre los procesos mentales, las influencias contextuales y las habilidades múltiples (Dadvidson y Downing, 2000). Dentro de estos se encuentran; la Teoría de las Inteligencias Múltiples de Gardner (1983,1998), el Modelo Bioecológico de Ceci (1996), la Teoría Triárquica de R. Sternberg (1985,1988, 1997) y la Teoría de la Inteligencia Emocional (Mayer, Salovey y Caruso, 2000).

2. El fútbol es de listos, vivos e inteligentes

Dentro de los deportes elegimos el fútbol, el deporte ¨rey¨ en el mundo de los deportes y el deporte ¨cultural¨ de los argentinos. Como ya se sabe el fútbol es el único deporte que se juega casi en su totalidad con los pies, prescindiendo de las manos, y este intento de dominar el balón, pasársela a un compañero (son once por equipo) , trasladar el balón e intentar introducirlo en el arco rival que está custodiado por un arquero que utiliza las manos, lo convierte en un deporte creativo, atractivo, apasionante y hasta con un alto contenido artístico, un poco disminuido por cierto en alto rendimiento por el componente psicopatológico predominante y por la dictadura del resultado que aplasta el placer lúdico (Roffé, 2003). En este contexto Johan Cruyff considerado uno de los cuatro mejores futbolistas de la historia del fútbol decía que el fútbol empezaba en la cabeza y terminaba en los pies. Y a la cabeza y la inteligencia de ese futbolista es que nos vamos a referir.
Sobre los buenos futbolistas es frecuente escuchar que son listos, despiertos, creativos, y que tienen viveza y picardía. Son jugadores diferentes, siempre dispuestos a “tirar del carro”, admirados por sus compañeros, titulares indiscutibles y temidos por los rivales; son aquellos que buscan llegar arriba, que al alcanzarlo no sólo se mantienen sino que se superan gracias a su capacidad para resolver diferentes situaciones dentro del campo y fuera de él.
Son deportistas de elite que han sabido gestionar sus competencias deportivas sacando los mejor de cada uno con determinación y esfuerzo mental, han acertado al rodearse de influencias positivas, escuchan, reflexionan y aprenden permanentemente. De la misma manera son personas, cometen errores, pasan dificultades y experimentan altibajos emocionales que consiguen rectificar para recuperarse y hacerse más resistentes.
Algunos de ellos aprenden rápido y otros se dice que “nacieron aprendidos”, pero todos se caracterizan por la capacidad para prepararse en enfrentar adversidades, adaptarse al entorno competitivo y para aprovechar las oportunidades que éste le brinda en cada entrenamiento y partido. En ellos se observa inteligencia y disfrute. Por todo ello el jugador creativo, listo e inteligente tiene mas posibilidades de triunfar que aquel con un estilo de pensamiento mas encorsetado (Boillos, 2006). Disfrutar en alto rendimiento no es fácil y menos en un deporte hiperprofesionalizado como es el fútbol donde predomina el negocio por sobre todo. Alto rendimiento es decidir rápido y bien. Y es combinar precisión y velocidad. Y en el fútbol de elite decimos que no llega el mejor o el más talentoso sino el ¨más inteligente¨, pero ¿de qué inteligencia estamos hablando? Según declaró en 2004 Luis Aragonés, ex entrenador de la Selección Española de fútbol (citado por Boillos en 2006), ¨para venir a la selección hay que poner sobre la mesa muchas cosas. En una selección rotunda el jugador tiene que ser inteligente, saber manejar el partido, jugar y analizar al mismo tiempo. Eso significa saber cuando se debe hacer una falta, ser jugador de equipo, saber pensar y hacerlo deprisa. Decidir lo que más interesa en décimas de segundo¨.
Decidir bien es elegir la mejor opción ante una gama de posibilidades. Y eso para el futbolista es un problema. La solución de problemas de D Zurilla y Goldfried (1971), posteriormente revisada por D Zurilla y Nezu (1982), consta de cinco fases: orientación del problema, formulación y definición del problema, generación de alternativas, toma de decisiones, y puesta en práctica de la decisión tomada y verificación de los resultados. Si no se resuelve el problema los autores sugieren revisar el proceso.

3. Los futbolistas tienen varias inteligencias

Los términos con los cuales se suele describir a un futbolista que aprovecha cada ocasión de un partido con oportunismo y facilidad no suelen referirse a la inteligencia. En el fútbol ésta puede ser más utilizada para referirse a un entrenador que analiza a un rival y desarrolla una estrategia haciendo uso de su intelecto y de su capacidad de liderazgo, e incluso es bien valorada en los entrenadores por parte de los jugadores (Rosado y cols., 2007). En ocasiones los capitanes de un equipo también parecen ser inteligentes gracias a su capacidad para influir y orientar a su equipo en la consecución de un objetivo.
Lo cierto es que en las personas están presentes diferentes tipos de inteligencia en forma de capacidades y potencialidades biológicas y psicológicas útiles para procesar un tipo de información particular, resolver problemas y crear productos (Gardner, 2004); todo lo cual en el contexto deportivo equivale a unas condiciones físicas, técnicas, tácticas y psicológicas con las cuales se da solución a innumerables situaciones. Un ejemplo puede ser la encadenación de acciones llevada a cabo para analizar la trayectoria de un balón, el desplazamiento de los compañeros y de los rivales, y realizar una asistencia de gol, o bien controlar e “inventarse una jugada” que termina en un tanto. Esta es una situación que engloba las que serían el grupo de inteligencias más relevantes para la práctica del fútbol: inteligencia corporal-cinestésica, espacial, intrapersonal e interpersonal (adaptado de Gardner, 1993,1995, 2004):

Inteligencia espacial

Siguiendo a Gardner (1993) las capacidades para percibir con exactitud el mundo visual, para realizar transformaciones y modificaciones a las percepciones iniciales propias, y para recrear aspectos de la experiencia visual propia, incluso en ausencia de estímulos físicos apropiados son centrales para la inteligencia espacial también denominada visual espacial. Si bien Gardner cita a Alfred Binet como precursor y pionero de las investigaciones continuadas en el ajedrez, donde el citado investigador plantea que la abstracción del juego es proporcional a la calidad del jugador y al número de juegos en que haya participado, seguimos este modelo para otro deporte como el fútbol, aclarando que el juego del ajedrez con futbolistas , es una técnica utilizada con éxito por la psicología del deporte en el abordaje individual para optimizar rendimiento, mejorando la estrategia, la toma de decisiones y la concentración.
La inteligencia espacial es la habilidad para percibir una forma o un objeto y su ubicación –el balón, los compañeros, los contrarios, los límites del campo-, transformarlo, modificarlo y recrearlo en ausencia del estímulo físico –recordar un sistema juego, las jugadas de estrategia y visualizar los movimientos tácticos-. Resulta fundamental para anticiparse a las jugadas y decidir con rapidez. Seria ver sin ver. Implica conocimientos visuales y espaciales como posiciones de juego o zonas del campo. Y el hemisferio derecho del cerebro demuestra ser la sede más importante del cálculo espacial (Gardner, 1995).
En el fútbol éste tipo de inteligencia se relaciona íntimamente con la inteligencia táctica o con la inteligencia para el juego Solà (2005a), la cual consiste desde el punto de vista psicológico en una actuación coordinada de un grupo de futbolistas que interactúan en un espacio y tiempo –de una jugada- en función de los contrarios y de la ubicación del balón (adaptado de Roca, 1998). Esta capacidad es ofensiva y defensiva, e individual -1×1- o grupal (adaptado de Solà 2005b).

Inteligencia corporal/cinestésica

Gardner (1993) se refiere a una diferencia entre los nadadores y las bailarinas con los jugadores con pelota subrayando que estos últimos manipulan objetos con finura aunque todos desarrollan el agudo dominio sobre los movimientos de sus cuerpos que denomina uso magistral del cuerpo y realiza una referencia al boxeo al que denomina como un diálogo entre cuerpos, un debate rápido entre dos conjuntos de inteligencias. De acuerdo con Sir Frederic Bartlett, todas las ejecuciones hábiles incluyen un sentido muy agudo de oportunidad y la destreza bien puede aprovechar otras destrezas intelectuales. Y Gardner agrega que la habilidad del atleta para destacar en la gracia, potencia, rapidez, exactitud y trabajo de equipo no sólo proporciona una fuente de placer al propio atleta, sino que también sirve, para incontables observadores, como un modelo de entretenimiento, estímulo y escape. El control del movimiento corporal se localiza en la corteza motora del cerebro, y cada hemisferio domina o controla los movimientos correspondientes al lado opuesto (Gardner, 1995). La consideración del conocimiento cinético corporal como ¨apto para la solución de problemas¨ puede resultar menos intuitiva.
La inteligencia corporal cinestésica es la capacidad para resolver problemas con habilidad y agilidad o crear productos –que en el fútbol tiene la forma de gambetas, pases, controles, etc.- usando todo el cuerpo o alguna parte del mismo –como realizar una cobertura técnica ante el ataque de un rival controlando el balón con los pies y cubriéndolo con el cuerpo-. Un cuerpo que no está conceptuado como un objeto artificial del mundo sino como la vasija del sentido del sentido del yo del individuo, de sus sentimientos y aspiraciones mas personales según Gardner (1993).
Desde el punto de vista psicológico, esta inteligencia permite a un jugador sobresalir en el dominio de la acción perceptiva y el ajuste témporo-modal de las acciones y del encadenamiento de varias –control, conducción, amague y pase- (adaptado de Roca 1998). Así mismo, se incluye además de la percepción los otros dos mecanismos del acto motor como lo son la toma de decisión y la ejecución, presentes en el futbolista desde el inicio de su carrera (Morilla y cols. 2010).
En el desarrollo del juego y con el fin de dotar de intencionalidad sus movimientos, los futbolistas necesitan coordinar la información que perciben dentro del campo de fútbol, con las capacidades para dominar su propio cuerpo cuando contactan el balón; siendo las dos acciones igual de relevantes.

Inteligencia intrapersonal

El componente central de la inteligencia intrapersonal es la capacidad para tener acceso a los sentimientos propios y conocer las fortalezas y debilidades de uno mismo (Castro Solano y Benatuil ,2008). Este tipo de inteligencia demanda un futbolista con perfil de consejero, maestro o líder y se refiere a la capacidad que tiene el futbolista para:

  • Conocerse a sí mismo
  • Identificar sus virtudes y defectos
  • Reconocer sus sentimientos y emociones, cuándo le ayudan y cuándo le perjudican.
  • Regular sus valentía y sus temores (clave en el fútbol de hoy).
  • Saber cómo potenciar sus recursos técnicos, tácticos, físicos y psicológicos.
  • Plantarse objetivos en función de sus capacidades reales y situación actual para decidir la mejor manera de alcanzarlos.
  • Aprender de cualquier situación positiva o negativa, para crecer y madurar deportiva y personalmente.

Inteligencia interpersonal:

El componente central de la inteligencia interpersonal es la capacidad para responder de manera adecuada a los estados de ánimo de otros (Castro Solano y Benatuil ,2008). Este tipo de inteligencia demanda un futbolista con perfil de líder y consiste en el conocimiento que permite:

  • Entender el comportamiento, actitudes y motivaciones de los demás –compañeros, contrarios, entrenador, árbitro e incluso el público o la prensa-
  • Diferenciar los estados de ánimo, sentimientos y pensamientos entre las personas y los grupos.
  • Identificar señales como gestos, tonos de voz, expresiones e incluso la manera de jugar para anticiparse a las reacciones de los otros –saber el punto hasta el cual puede presionar al árbitro o cuándo un compañero se encuentra mal-.
  • Respetar o valorar las opiniones de otros así no esté de acuerdo –como el no ser titular-.
  • Ayudar e influir sobre los demás –como trasmitir mensajes de sus compañeros al entrenador, mediar en conflictos, motivar o ayudar a “poner a punto” mentalmente a lo compañeros-.

La inteligencia intrapersonal le permite al futbolista encontrarse a sí mismo como su mejor aliado dentro del terreno de juego y fuera de él. Los jugadores con un gran conocimiento de sí mismos se regulan adecuadamente y toman mejores decisiones. Así como, la inteligencia interpersonal facilita el trabajo en equipo y el ejercicio de influir sobre el equipo y relacionarse positivamente con el entrenador, los contrarios el árbitro, el público y la prensa.
A la práctica de estas dos capacidades, se le denomina inteligencia emocional, término popularizado por Daniel Goleman (1995) y definido como la habilidad para regular los sentimientos y las emociones propios de uno y de los otros, discriminar entre ellos y usar esta información para guiar el pensamiento y la acción de uno mismo (Mayer y cols., 2000). Según Goleman (1995) quien diferencia CI de inteligencia emocional, los hombres que poseen una inteligencia emocional elevada son socialmente equilibrados, sociables, y alegres, no son pusilánimes ni suelen pensar las cosas una y otra vez. Poseen una notable capacidad de compromiso con las personas o las causas, de asumir responsabilidades y de asumir una perspectiva ética, son solidarios y cuidadosos de las relaciones. Su vida emocional es rica y apropiada y se sienten cómodos con ellos mismos, con los demás y con el universo social donde viven.
En el deporte de alto rendimiento se valoran los resultados deportivos y es por ello que cobra gran importancia la inteligencia práctica, la cual hace referencia a la utilización de fortalezas deportivas –técnicas, tácticas, físicas y psicológicas- con el fin de prevenir y de solucionar de manera idónea problemas, así como el aprovechamiento de oportunidades en entrenamientos y competiciones. Sirve para mejorar lo que va bien y para arreglar lo que va mal, pues da cuenta de la competencia práctica que se tiene para planificar la táctica individual de un partido –cómo evitar el lateral derecho el desborde del contrario que sube por su banda-, para dar una instrucción oportuna cuando es necesario –un arquero a sus defensas- u orientar a los futbolistas en el afrontamiento de nuevos retos o de dificultades –como el capitán-.
Como podemos observar los futbolistas tienen varias inteligencias y el desarrollo equilibrado de éstas bien puede ser una garantía para que su continuidad y progresión sean fluidas y se interrumpan con menor facilidad.
En ello tiene un papel fundamental el que su situación personal fuera del campo facilite el rendimiento. No es necesario que el reporte un coeficiente intelectual tan alto como lo serían sus calidades técnicas, pero sí que le permita mantener un equilibrio en las diferentes facetas de su vida. Para ello cabe recordar que el futbolista antes que nada es una persona y que la vida de los seres humanos se compone de las siguientes áreas:

  • Personal: Su salud física y mental.
  • Familiar: Sus relaciones con la pareja, los hijos, padres o hermanos; todos personas que favorecen o perjudican el rendimiento.
  • Laboral: El Club es la empresa donde trabaja y el fútbol su profesión, para la cual se ha preparado desde joven.
  • Social: Debido a la frecuente movilidad laboral del futbolista es frecuente que se encuentre alejado del entorno social que le ofrece seguridad, razón por la cual algunos jugadores no consiguen adaptarse en ciudades o países con culturas o lenguas diferentes. A esto se pueden sumar dos aspectos como lo son el tener pocas amistades – y si las tienen suelen ser los mismos compañeros de equipo y posibles rivales en la repartición de minutos de juego- y que son modelos sociales con una importante repercusión mediática.

Debido a lo particular que es la vida de un futbolista, se propone un modelo de inteligencia como propuesta que oriente el rendimiento de los futbolistas y que fue presentado en un Simposio en el último y XIII Congreso Europeo de Psicología del Deporte (Roffé y Rivera, 2011). Por medio de la aplicación de los consejos/propuestas aprendidos en todos esos años de trabajo de campo, todo jugador podrá marcar muchos más tantos a su carrera.

4. Inteligencia GOAL

Este modelo de inteligencia aplicado ¨juega¨ con las letras que componen la palabra goal, que en inglés significa meta.

G: De la palabra goal. Se refiere a la capacidad de fijar objetivos claros que orienten el esfuerzo diario del futbolista.
O: Organización y formación de recursos. Consiste en la habilidad para reconocer, evaluar y planificar la construcción de sus conocimientos y capacidades, ejerciendo un mayor control sobre ellas y reduciendo la incertidumbre en la vida del deportista –rendimiento, convocatorias, lesiones, estabilidad emocional-.
A: Refiere a la aplicación e integración de estos recursos.
L: Líder en la gestión del talento propio y del equipo aplicando sus recursos mentales con eficacia y excelencia, así como el ser capaz de disfrutar mientras los mejora.

Un jugador inteligente sabe competir y aprovechar sus recursos mentales para mejorar dentro del campo de fútbol y fuera de él. A pesar de tomarse el tiempo necesario para recuperarse de los entrenamientos y competiciones, invierte esfuerzos en mejorar paralelamente los diferentes aspectos de su vida porque sabe que le ayudarán a sentirse mejor.
Es un excelente gestor de sus capacidades psicológicas y las utiliza para su progreso técnico, táctico y físico. Consigue que el medio que le rodea facilite un ambiente positivo y es por ello que tiene buenas relaciones con el equipo, el cuerpo técnico, los directivos, la prensa y con los aficionados. Sabe anticiparse a las dificultades y decide con efectividad la manera de darles solución, y en definitiva, integra y desarrolla paralelamente las diferentes inteligencias.

¿Cómo marca goles a su carrera un futbolista inteligente?

  • Tiene muy claras sus metas como deportista y persona.
  • Se esfuerza por adquirir y mejorar los recursos deportivos y en su caso personales.
  • Demuestra maestría deportiva dentro y fuera del terreno de juego.
  • Su profesión le ofrece numerables satisfacciones.

Es Sternberg (1997) quien desarrolla el concepto de inteligencia exitosa a partir de la observación de la ausencia de un CI elevado y una vida de éxito. Y nos aclara el modelo cuando dice que la inteligencia no es primordialmente un problema y de cantidad, sino de equilibrio, de saber cuándo y como usar las habilidades analíticas, creativas y prácticas. Se necesita el balance de las tres habilidades para alcanzar el éxito en la vida. La persona inteligente es la que capitaliza sus propias fortalezas y compensa sus debilidades. Consideramos que esta inteligencia está en la línea de la inteligencia intrapersonal ya citada, pero agrega algo nuevo. Las personas con inteligencia exitosa manifiestan sus habilidades adaptándose, ajustando o seleccionando los ambientes a partir de un equilibrio entre sus habilidades analíticas, creativas y prácticas (Sternberg y Grigorenko, 2000).

5. Conclusiones

Los autores escogidos en este trabajo no son considerados clásicos en la definición de inteligencia sino que van más allá.
La teoría de las inteligencias múltiples no es una visión unitaria de la mente.
No todo el mundo tiene los mismos intereses y no todos aprenden de la misma manera y a través de los mismos canales. No todos son buenos para resolver los mismos problemas. Gardner plantea una teoría del funcionamiento cognitivo, con inteligencias no fijas y variables, se trata de potenciales que se desarrollan en función del ejercicio, el refuerzo del entorno familiar y educativo y de la propia motivación de la persona. La teoría de las IM es un modelo cognitivo que busca resolver como las personas usan sus IM para solucionar problemas y para crear productos.
Al respecto el concepto de jugador inteligente implica una adecuada toma de decisiones: las inteligencias pueden modificarse a partir de cambios en los recursos disponibles. No es conveniente entrenar las inteligencias de forma separada sino integradas. Y esto puede ser en algunos casos una dificultad.
No adherimos a la idea de evaluar el CI del deportista ya que no hemos podido establecer una relación directa entre inteligencia y rendimiento. Siempre existe la duda de cuanto influye o afecta el componente intelectual al rendimiento.
Como la Dra. Norma Contini refirió en las clases del Doctorado, existe una relación entre la inteligencia y el contexto cultural que debe considerarse. De eso no hay duda.
Para finalizar queremos decir que el modelo propuesto (GOAL) si bien se puede seguir desarrollando, integra las diferentes inteligencias descriptas y aplicables al fútbol e intenta proveer al futbolista de una toma de decisiones aceitada y rápida, que no es apurada, y una resolución de problemas adecuada, escogiendo la mejor opción para el alto rendimiento donde se espera a partir de la demanda de la competencia, decidir rápido y bien. Este concepto, consideramos que queda sintetizado en la siguiente frase del entrenador inglés Bill Shankly: ¨Si estas dentro del área y no sabes que hacer con el  balón, mételo en la portería y ya discutiremos después las alternativas¨. Meterlo en la portería es entonces propio de un futbolista líder e inteligente que hace un buen uso de sus fortalezas en función de su rendimiento.

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