Lic. Carlos Giesenow

Tener una sólida rutina para realizar previamente a la ejecución de diferentes acciones de juego es una de las claves de la preparación mental ya que la forma en que uno se alista para cada momento es crucial a la hora de alcanzar y sostener de manera consistente su más alto rendimiento. Estas rutinas se prestan mejor para ser utilizadas antes de ejecutar habilidades cerradas, es decir, aquellas que se realizan en un ambiente relativamente estable y predecible donde el deportista controla el ritmo de la ejecución. Ejemplos clásicos de esto son los lanzamientos o saltos en atletismo, los disparos en tiro, el golpe en el golf. Incluso en deportes donde predominan las habilidades denominadas abiertas (donde el ambiente cambia constantemente y los movimientos deben ser continuamente adaptados a la situación) como fútbol, básquet, rugby, tenis, etcétera, se pueden realizar rutinas previas a reiniciar las acciones de juego.
El objetivo central de estas rutinas es tener una actuación consistente, es decir, prepararse para estar plenamente focalizado en la ejecución que el deportista quiere hacer. La idea es poder realizar cada acción con la confianza, la concentración y la regulación emocional ideales. Por tanto, lo importante no es cumplir la rutina rígidamente paso por paso sino que ésta despierte aquellas sensaciones que el deportista necesita. A riesgo de quedar redundante, cabe enfatizar que lo que se busca es consistencia en el desempeño, es decir, poder sostener un alto nivel de rendimiento evitando los altibajos o, como se suelen llamar habitualmente, las “lagunas” tan comunes.

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Construyendo consistencia: las rutinas pre-ejecución – Aplicaciones prácticas en golf y voleibol