Lic. Raúl Barrios

“Antes existía el entrenador, y nadie le prestaba mayor atención. El entrenador murió, calladito la boca, cuando el juego dejó de ser juego y el fútbol profesional necesitó una tecnocracia del orden. Entonces nació el director técnico, con la misión de evitar la improvisación, controlar la libertad y elevar al máximo el rendimiento de los jugadores, obligados a convertirse en disciplinados atletas.
El entrenador decía:
-Vamos a jugar.
El técnico dice:
-Vamos a trabajar

(Eduardo Galeano, El fútbol a sol y a sombra).

Ser un entrenador exitoso, es un gran desafío. Nos solamente los atletas confían que el entrenador sea un educador y mentor, los padres y la comunidad, también esperan que un entrenador exhiba altos valores morales y que reaccione apropiadamente a cada situación. Los entrenadores exitosos, no solamente son bien versados en las técnicas y habilidades del deporte, sino que también enseñan y son modelos de las necesidades para una vida exitosa en la sociedad.
A propósito de esto último quiero citar un estudio que se realizo una vez finalizados los Juegos Olímpicos de Los Ángeles en 1984, dónde los deportistas dieron su opinión sobre las características que más valoraban en un entrenador. Las cinco características principales que señalaron son las siguientes:

  • Conocer a fondo el deporte (y mejor si lo han practicado), por lo que sabe tomar decisiones acertadas.
  • Tener interés por las personas con las que trabaja y relacionarse con ellas.
  • Ser imparcial y así cada deportista ve que su esfuerzo es reconocido.
  • Es como un modelo a seguir y también es el primero en cumplir todas las normas establecidas para los deportistas.
  • Ser maduro y dar seguridad a los deportistas (sobre todo a los más jóvenes; los mayores prefieren tenerlo como amigo).

Vemos que tan solo la primer característica hace alusión a aspectos técnicos del trabajo del entrenador. Las cuatro restantes se refieren a las relaciones interpersonales, tan apreciadas por los deportistas. Así pues, el respeto lo gana el entrenador combinando factores técnicos y relacionales, no únicamente con estos, pero tampoco sin ellos. (de Diego, Sagredo, 1997).
Las actividades deportivas pueden ser una orientación positiva para aprender rasgos tales como: cooperación, competición, interés por el prójimo, sacrificio y juego limpio. Además es beneficioso para explicarle a la gente joven, que ubicarse en el rol de otra persona, (concepto de empatía), es esencial para desarrollar la madurez moral. Una regla de oro, desde una perspectiva mas bien filosófica, sería llevar a los jóvenes a internalizar el concepto de juego limpio y a tener consideración por los demás. El juego limpio no es aprendido solamente vivenciando principios morales subyacentes, sino también imitando a los entrenadores que sirven como modelos positivos. En el aprendizaje de la madurez moral, los niños, también imitan las conductas de su entrenador (Smith y Smoll, 1996).
A mi juicio, y esta es un a opinión que por supuesto se puede discutir, los entrenadores tienen, en general, cuatro grandes metas:

  1. Ayudar a la gente joven a divertirse.
  2. Conformar un buen grupo humano.
  3. Facilitar el desarrollo y entrenar habilidades técnicas.
  4. Generar un equipo exitoso.

Los entrenadores necesitan determinar cual de estas metas tienen preponderancia en la elaboración de su estilo de conducción. Algunos entrenadores sopesarán estos objetivos de manera pareja, y algunos les darán mayor énfasis a ciertas metas. Tal vez la decisión más importante para determinar como uno conducirá, es el significado dado a: ganar. Varios entrenadores enfrentan dilemas acerca de sus objetivos cuando conducen. La sociedad en general, y la sociedad Argentina en particular, valora a los ganadores. Permítaseme un a pequeña discreción para graficar esta afirmación; un excombatiente de la Guerra de Malvinas, me comentaba cierta vez, que el creía que el mayor problema que la sociedad tenía con ellos es que habían perdido la guerra, que habían vuelto como perdedores.
Hasta ahora, la sociedad también mira al deporte como una herramienta para ayudar a la gente joven a experimentar la vida, desarrollar carácter y educar habilidades de liderazgo. Los entrenadores que quieren ayudar a los jóvenes a desarrollarse física, psicológica y socialmente a través del deporte, a menudo encuentran que son evaluados únicamente por sus registros de partidos ganados y perdidos. Son muchos, y en nuestro país son cada vez más, los entrenadores condicionados por las organizaciones para las cuales trabajan, (clubes, federaciones, asociaciones, deportistas individuales), a perseguir el objetivo de ganar, sin importar los costos. Estos objetivos están perjudicando a los jóvenes atletas.
La mayoría de los estudios realizados para determinar las razones por las cuales los jóvenes participan en deportes organizados, muestran las siguientes:

  • Para divertirse.
  • Para mejorar sus habilidades y aprender nuevas.
  • Para estar con sus amigos y hacer nuevas amistades.
  • Por emociones y excitación.
  • Para tener éxito y ganar.
  • Para estar bien físicamente.

(Smith y Smoll, 1996).

Una de las maneras más rápidas de reducir la diversión, es que los adultos comiencen a tratar a los niños o jóvenes que hacen deporte como si ellos fuesen atletas profesionales. Los entrenadores necesitan tener en mente que los deportes juveniles son actividades jugadas. Los niños merecen disfrutar los deportes a su manera. En contraste a lo que numerosos entrenadores creen, las actitudes de los jóvenes atletas hacia sus entrenadores, dependen mucho más en como son tratados, que en ganar o perder.
“La línea de fondo en competiciones deportivas juveniles, no debería estar basada en la presión por ganar. En cambio, debería ser sobre la diversión por competir y la oportunidad para desarrollar actitudes positivas hacia otras personas, a través de esa competencia”
(Lute Olson, entrenador de básquetbol universitario, EEUU 1996).

BIBLIOGRAFIA:

GALEANO, Eduardo. El fútbol a sol y a sombra. Catálogos, 1995.
SAGREDO, Cristina; de DIEGO, Salomé. Jugar con ventaja. Alianza Deporte. Madrid, 1997.
CHAPPUIS, Raymond; THOMAS, Raymond. El equipo deportivo. Paidos, 1989.