Lic. Dante Nieri Romero

En el deporte, hay una toda una serie de miedos, a perder, a lesionarse, a quedar mal, etc., que persiguen y pueden incluso hasta atormentar al deportista, a esos miedos ya conocidos se suma otro, el miedo al triunfo. Sí, aunque muchos no puedan creerlo, existe el miedo al éxito. ¿Por qué el miedo a ganar? Porque trae consigo toda una seria de cambios que muchas veces el deportista puede no estar dispuesto a sobrellevar. Estos cambios incluyen nuevas cargas, presiones y responsabilidades. El éxito trae también consigo cambios sociales, en el entorno, con los amigos, en las relaciones con las mujeres, incluso con la familia y entrenadores. El éxito implica un nuevo estatus, por lo tanto mayor responsabilidad y seriedad en el trabajo, lo que ocasiona incremento de estrés para el atleta. La responsabilidad de volver a demostrar que es bueno o el mejor, teniendo a los demás tratando de vencerlo. Muchas veces es más fácil permanecer en el mismo nivel para mantener la homeostasis (equilibrio) y quedarse en el lugar en que se encuentra para sentirse cómodo considerando que es el lugar que le corresponde, por costumbre. Esto tiene su explicación en raíces inconscientes, aunque también puede darse por aspectos más conscientes.
El miedo a ganar es una situación compleja que se presenta una y otra vez en el deporte y en la vida. Freud ya hablaba de esto hace muchos años en un artículo llamado “Los que fracasan al triunfar”. Esta idea es discutida cuando se plantea, es resistida por el público en general, entrenadores y deportistas. Ellos dicen: “¿Cómo alguien puede tener miedo a ganar? ¡Tendrás miedo a perder, pero a ganar!”
Definición:
“Nikefobia (succes phobia) significa literalmente miedo a la victoria, fenómeno por el cuál el atleta rinde más en entrenamiento que en la competición, falta sistemáticamente a los eventos deportivos más importantes y falla cuando está a punto de conseguir una victoria casi segura.”.
(Tamorri, 2004)
Esta definición nos indica que el deportista o equipos fallan en los momentos importantes de definición, en las situaciones que tienen que demostrar y dar lo mejor de sí, caen, se equivocan, pierden, no rinden adecuadamente o no dan la talla para la situación.
A las personas en general, con algunas excepciones, les cuesta aceptar esta realidad, por eso se tratará de ahondar un poco en este tema que nos parece fascinante. La existencia del miedo al éxito se ha observado en el deporte mundial, pero específicamente en la realidad que nos ha tocado trabajar, es decir, la peruana. Esto sucede desde las etapas formativas, hasta los más altos niveles competitivos. Cuando es el momento de demostrar todo lo que se tiene, la hora de la verdad, cuando debe ser su momento, el deportista se derrumba. Desde nuestra óptica esto ya no tiene que ver sólo con cuestiones personales, sino por la idiosincrasia misma del peruano a quien en general, más allá del ámbito deportivo, tiene miedo al éxito o le cuesta aceptarlo. Siempre observa lo de afuera con admiración, pensando que eso es inalcanzable, sobrevalora lo de afuera y subvalora lo de adentro, lo de su país. Hay problemas de autoestima y de identidad más profundos y arraigados en la sociedad en general, que van más allá del ámbito deportivo. El peruano común, en general, considera que otros pueden hacerlo pero él no, y esto inevitablemente se traslada al deporte. Este pensamiento está muy arraigado en la cultura, sociedad, e inconsciente colectivo del país. En realidad hay un potencial muy rico en diversidad, razas y culturas, pero esto se ve como una debilidad cuando debería verse como una riqueza y potenciarse como una fortaleza. Hasta que el peruano no cambie esa forma de pensar y se convenza de sus capacidades no podrá desarrollar todo su potencial, y en esto se incluye al deporte.
El interés sobre este tema y su investigación nace justamente por situaciones observadas una y otra vez en deportistas y equipos. A continuación daremos algunos ejemplos:
– Un equipo de fútbol juvenil en una serie de dinámicas grupales, en donde se trabajan los miedos, refieren una y otra vez tener la sombra de derrotas en campeonatos anteriores, refiriendo que tienen “miedo a perder”. Ese miedo a perder que relatan es el miedo manifiesto, ese miedo manifiesto esconde un miedo latente que es justamente lo contrario, el miedo a ganar (se descubrió durante el trabajo). No quieren moverse del lugar en donde están, se sienten “cómodos” perdiendo, por lo menos es más cómodo que luchar por la victoria. Es lo que ellos esperan, es lo que los demás esperan… entonces para qué cambiar.
– Un deportista individual profesional refiere que tiene miedo a perder, en realidad su miedo a perder, es lo contrario, el miedo que tiene de ganar porque traería toda una serie de cambios que no quiere asumir, como poner en riesgo la relación con la enamorada, alejarse de la familia, dejar la universidad, entre otros. Entonces, él mismo sabotea la victoria para quedarse donde está.
– En un equipo de fútbol que no puede sostener una victoria de 3 goles de diferencia, regresan los fantasmas: “Para qué ganar, que vendrá con ello, que cosas cambiarán. NO… mejor no… qué estamos haciendo, mejor nos quedamos en donde estamos, qué incertidumbre no saber que podrá venir o suceder. Mucha responsabilidad”. Ese sería un diálogo interno de inconsciente a inconsciente entre los miembros de un equipo que son una colectividad, en el fútbol hay muchos contagios en el equipo y el miedo también se contagia. No es fácil romper con una tradición de derrotas, como en el caso del fútbol peruano, porque esto implica desafiar la historia de los últimos casi 25 años y las creencias mentales fuertemente arraigadas. Implica más profesionalismo, responsabilidad, esfuerzo y sacrificio. “No, mejor nos quedamos donde estamos… tranquilos”. Muchas veces el costo de ganar y las consecuencias de la victoria pueden ser tan grandes para un equipo o persona que simplemente prefiere quedarse donde está, es un balance de costo-beneficio. Hay que recalcar que esto no es necesariamente consciente
– Deportistas que fracasan frecuentemente antes de llegar al éxito se caen sobre el final. No están dispuestos a ser los mejores. Les va bien siendo buenos, pero ser el mejor trae muchos cambios, por este motivo muchos talentos son grandes promesas pero nunca llegan a ser realidades. Se ha observado situaciones de este tipo en deportes como el tenis, atletismo, tabla hawaiana (surf), fútbol, voley, basket, golf, natación, optimist, remo, judo, boxeo, jiu jitsu brasilero y artes marciales mixtas.
Miedo a perder: Si bien existe el miedo a perder, ya que trae la consecuente situación de tristeza, malestar psíquico y demás, es algo con lo que se aprende a vivir, hay incluso ganancias (ganancia secundaria). No es tan fácil lidiar con el éxito, esto trae muchas responsabilidades y consecuencias, que no todos están dispuestos a asumir. El miedo a perder, también existe, pero muchas veces se le confunde con lo contrario: el miedo a ganar. Claro que puede haber una situación real consciente de no querer perder o cometer un error, pero muchas veces en realidad esos miedos manifiestos esconden miedos latentes de no querer ganar. En estas situaciones hay que indagar e investigar para descubrir que es lo que en realidad sucede con el deportista.
¿Por qué el miedo a ganar?

– Al campeón todos le quieren ganar: “Todos se lo quieren tumbar”, contra él todos van a dar su máximo esfuerzo, dan un poco más, lo que implica una mayor presión sobre él. La frase popular: “Fácil es llegar, lo difícil es mantenerse” indica que cuando se llega al éxito las responsabilidades crecen para lograr mantener el lugar alcanzado y esto implica un mayor esfuerzo que al conseguir el éxito por vez primera.
– Mayor expectativa: El ser campeón, trae consigo una mayor expectativa y mayor demanda de buenos resultados por parte de las demás personas en acontecimientos más complicadas y complejos. Pueden darse situaciones en las cuales la presión aumente y no se sepa manejar el nuevo status. No se tiene el tiempo adecuado para prepararse para los nuevos compromisos.
– Es más cómodo quedarse en el mismo sitio: Es más confortable quedarse donde se está, en la mediocridad, en el término medio, ya que esa inamovilidad brinda tranquilidad. Es lo conocido. Existe otro dicho popular pertinente aquí: “Más vale malo conocido que bueno por conocer”. El deportista ya sabe lo que es perder, conoce sus sensaciones, lo que sucede, y mal que bien sabe como reaccionar y manejarlo. Por el contrario, un resultado positivo será diferente: “¿Qué pasará? ¿Cómo reaccionaré? ¿Qué sentiré?… ¡Qué estrés! Mejor me quedo tranquilo donde estoy, acá me va bien”. En este dicho popular (muy conocido en el Perú) hay una directa referencia desde distintos ángulos al miedo a ganar, y esto está en el inconsciente colectivo de las personas que conforman esa sociedad.
– Mayor dinero: El dinero trae consigo una serie de consecuencias, ser personas más buscadas por amigos, desconocidos, mujeres, gente interesada por lo que se tiene y no por lo que se es. En términos generales, ser un blanco de agresiones (robos, asaltos, secuestros, estafas, engaños, etc.).
– Mayores responsabilidades económicas: Asumir mayores gastos en el hogar, al incrementar los ingresos, por lo general, las personas comienzan a consumir más y esto inevitablemente cambia el estilo de vida. En considerables casos, deportistas que vienen de situaciones económicas de pocos recursos, como en deportes como el fútbol o boxeo, tienen que hacerse cargo económicamente ya no sólo de la familia nuclear, sino de la familia extensa e incluso tener que darle apoyo económico a los amigos y al barrio. Se sabe que es difícil decirle que no a los amigos, nunca se quiere quedar mal con ellos y menos con la familia, que pueden llegar a aprovecharse de esto.
– Gente interesada: Implica que gente se acercará como un amigo, pero en realidad habrá intereses de por medio. Al deportista exitoso le costará distinguir quién es su amigo y quién no, quién realmente lo aprecia y tiene buenas intenciones. Gente menos afortunada se les acercará a pedirles y exigirles cosas, como dinero, préstamos o regalos.
– Nuevo status: El nuevo status se da a todo nivel: amical, social, familiar, de pareja, etc. Se pone en una situación asimétrica y vertical con relación a los otros. Por ejemplo: el futbolista que se convierte en el jefe de familia, porque viene de una situación de pocos recursos, de pronto se convierte en el proveedor y todos dentro del hogar comienzan a tratarlo distinto, se convierte en la voz de mando. Luego comienzan las exigencias económicas y las consecuentes presiones que esto trae consigo.
– El éxito es afrodisíaco: Esto implica que tendrán mayores tentaciones con el sexo opuesto, desestabilizando su homeostasis y equilibrio emocional. Puede hacer tambalear su relación de pareja (esté casado o no) ocasionado que se le puedan “subir los humos” a la cabeza, que no pueda manejar las diversas situaciones que se le presentarán, sobre todo con tantos viajes, mujeres que los quieren por lo que representan o tienen y no por lo que son, o que quieren asegurarse un futuro económico a través de un hijo no deseado. Todo esto desequilibrará al atleta, y se sabe que lo que necesita el deportista para rendir bien es justamente tranquilidad. La intranquilidad en la vida personal traerá un pobre desempeño en la vida deportiva. Un futbolista me decía: “Yo se que soy feo, me miro al espejo y me veo feo, pero todas las chicas me dicen que soy lindo”.
– Ego inflado: Es muy fácil caer en la tentación de dejarse llevar por los halagos. El pecho se infla, junto con el ego. Para evitar esto la persona necesita compañías de mucha confianza y que se interesen en él como persona y no como producto de hacer dinero. Todos los deportistas tienen subidas y bajadas, mientras más arriba esté el ego más dolorosa y difícil de manejar será la caída. El atleta debe saber que habrán momentos buenos y malos, por lo que sería recomendable que la humildad sea un aspecto constante en su vida, para combatir esto es importante el apoyo y equilibrio que brinde la familia. – Menos tiempo con los seres queridos: El éxito puede traer consigo el alejamiento de los seres más queridos. Vivir en otro país o viajar constantemente a entrenar y/o competir. Por ejemplo, en el fútbol se puede vivir en el exterior, en el tenis se tiene que viajar constantemente, irse a jugar a otro país, con otra cultura, otra realidad e incluso otro idioma.
– Diferentes hábitos de vida: Alejarse de los amigos, por tener un ritmo de vida diferente, un trabajo distinto, hábitos de sueño y alimenticios diferentes, trabajo fines de semana, etc. Es decir, dejar de lado un estilo de vida “normal” o convencional (socialmente hablando).
– Marketing y auspicios: Mayores compromisos con los medios, propagandas, declaraciones, entrevistas, fotos, etc. Esto traerá como consecuencia que no se pueda entrenar de la misma manera o que no pueda enfocarse adecuadamente. Mayores exigencias de la prensa, del público, así como mayores censuras y menor comprensión cuando se comentan errores tanto dentro como fuera del ámbito deportivo.
– Fama: El ser asediado por los medios, el tener que estar siempre sonriente, atento a las demandas de otros, el ser la noticia constante, tener a los medios encima buscando la primicia, en el mejor de los casos, y en el peor, el escándalo.
– Soledad: La soledad del que está arriba, el éxito puede traer consigo mucha soledad, ya que no hay otras personas con quién compartir esa experiencia ya que es algo raro y particular.
– Envidia: El éxito inevitablemente genera envida en otros, lo que trae como consecuencia malos deseos hacia la persona y, obviamente, a nadie le gusta sentirse odiado, envidiado o que le deseen el mal.
– Vacío: Muchas veces al conseguirse una meta grande por la que se ha estado luchando buen tiempo la sensación no necesariamente es de felicidad sino de vacío. Se puede producir un sentimiento de tristeza, desorientación porque ya no se tiene el objetivo o la meta por la que se luchaba arduamente cada día, que lo estimulaba cada día a esforzarse cada vez más, lo que en sí mismo ya era satisfactorio.
Beneficios del fracaso:
– Le ofrece al deportista quedarse donde está, sin mayores exabruptos y sobresaltos, brinda estabilidad. – El lesionarse es una forma de escapar del éxito cuando todas las expectativas están puestas en el deportista. Esta lesión se da por causas psicológicas y no físicas. Lesionándose se escapa de tanta presión y expectativa y así no queda mal con nadie. Es la excusa perfecta y es real. Es igual que cuando el estrés se incrementa aumentan las probabilidades de que ocurran enfermedades (se debilita el sistema inmunológico). De igual manera las lesiones tienen su origen en aspectos mentales, lesión real no psicológica, pero se origina por la mente, esto ya ha sido investigado. Es una excelente forma de escapar cuando el atleta siente que no le dejan salidas, ya lo hemos visto, no pocas veces.
– El perder, también, trae consigo ganancias, lo que se conoce como ganancia secundaria, darle pena a otros, recibir cariño, ternura, protección, cuidado y afecto, convertirse en el “pobrecito”.
Por todo esto es que muchas veces el deportista gana más perdiendo que ganando, es como si hubieran dos fuerzas dentro de él, una que desea ganar y otra que quiere perder. Para mantenerse tranquilo resulta más fácil y cómodo quedarse donde se está en vez de ir en busca de algo nuevo. Buscar el éxito puede implicar mucho esfuerzo y sacrificio y el no conseguirlo y fracasar en el intento traería como consecuencia una pérdida emocional, dejar ir una pequeña parte de sí mismo que tal vez nunca se recupere, traería mucho dolor psíquico. Como consecuencia, para qué correr el riesgo, será mejor evitarlo.
Las fuerzas del inconsciente pueden jugarle una mala pasada al deportista, ya que concientemente puede querer ganar pero las fuerzas internas más profundas sabotearán esos deseos concientes por el éxito, es acá justamente donde hoy en día consideramos que la psicología deportiva tiene mucho que aportar. Es de suma importancia para combatir estas debilidades y permitirle al deportista dar todo de sí, sin temores que saboteen su rendimiento.
* Hay que tomar en consideración que antes de plantear esta hipótesis hay que revisar y analizar otras posibles causas de malos resultados, no todo es miedo a ganar, como la estrategia, táctica, técnica, nivel del rival, unidad del grupo u otros aspectos psicológicas influyentes, entre otras. Nunca se debe caer en el error de psicologizar todo y buscar respuestas sólo en lo mental, de esto debemos ser conscientes los psicólogos del deporte y personas cercanas al mismo.

Referencias:

– Herrington, R. (2004). Film: Bobby Jones.
– Freud, S. (1948). Obras completas II. Madrid: Biblioteca Nueva.
– Nieri R., D. (2006). El Desarrollo de la Competitividad en el Ámbito Educativo. https://www.psicodeportes.com/articulos/Peru/Competitividad_Educa.html
– Roffé, M. (2006). Miedos y Presiones. https://www.psicodeportes.com/articulos/ROFFE/miedos_y_presiones.html
– Tamorri, S. (2004). Neurociencias y Deporte. Barcelona: Paidotribio.