Lic. Luciana Vainstoc

Antes de comenzar con dicho desarrollo es fundamental diferenciar algunos términos.
El concepto de Arousal, es un término inglés que significa alerta, incremento de la atención, siendo traducido normalmente como activación. Aunque activación es el proceso que desemboca en alerta.
Una vez establecida la diferencia, se suele considerar la activación general del organismo como un continuo que va desde el sueño más profundo hasta un estado de máxima excitación. En el deporte se sitúa este continuo teniendo en cuenta las experiencias de los deportistas en el estado de vigilia.
La activación psíquica y física implica “estar listo para”, en el caso del deporte “estar listo para entrenar o competir”.
Desde una perspectiva cuantitativa, cada deportista podría delimitar su propio continuo de activación y definir los distintos niveles a experimentar.
La activación puede manifestarse tanto a nivel fisiológico, cognitivo o motor, siendo pasible que, en determinadas ocasiones, coexistan respuestas de activación de distinto tipo.
Puede ocurrir, por ejemplo, que en una situación concreta, un deportista perciba la repuesta fisiológica de aumento de su respiración como indicador de un nivel de activación determinado, mientras que en otra situación siente una sensación de confusión como indicador de que su activación ha aumentado.
Por ende, captar cómo cada deportista percibe la competición, de qué forma esta percepción varía su nivel energético y como canalizar la activación es la clave para la comprensión de este fenómeno y su influencia en el rendimiento deportivo. El nivel de activación parece influir sobre el rendimiento a través de dos vías, por un lado actuando sobre el grado de tensión muscular, la coordinación motriz u otras variables fisiológicas que pueden afectar la ejecución de los movimientos necesarios para rendir. Y por otro lado, incidiendo sobre las atención, toma de decisiones, etc.
En cuanto a las teorías que relacionan el nivel de activación y el rendimiento deportivo la hipótesis de la “U invertida” es la más aceptada hasta la actualidad (Yerkes y Dodson).
Esta teoría sugiere que en un primer momento el incremento del estado de activación va acompañado del incremento de la eficacia en la ejecución.
Hay un punto o zona intermedia donde el estado de activación próximo a la alerta energética se desarrolla paralelamente a la ejecución máxima a partir del cual un aumento en el nivel de activación conlleva un deterioro en el rendimiento.
Por consiguiente, podemos establecer un nivel de activación determinado en torno a ese punto de inflexión denominado nivel o zona óptima.
Finalmente, es importante tener en cuenta que, partir con los niveles adecuados de activación desde el primer momento competitivo es una ventaja considerable. Pero para ello, hay que determinar qué tipo de activación óptima requiere cada modalidad deportiva y, dentro de esta, cada deportista en particular.