Vivencias de los padres de Javier Julio, un deportista de Elite
Dra. Patricia Wightman

Alicia y Oscar Julio, los padres de Javier relatan la historia de la familia Julio, antes, durante y ahora que su hijo sigue realizando su sueño y en realidad, el sueño de toda una familia. Este sueño era ser campeón mundial en esquí náutico. El esquí náutico tiene tres subespecialidades: slalom, tricks y salto de rampa. Estas tres subespecialidades se unen en una cuarta medalla que es el overall o puntaje total. (Wightman)
“La historia de nuestra familia en el Ski Náutico data de aquella época en que papá Oscar, de soltero, tenía una lancha de placer que al casarse conmigo (Alicia), empezamos a hacer Ski por divertimento. Cuando nació nuestro primer hijo, dejamos el ski por diez años.
En 1982, cuando ya tenían nuestros hijos diez y cinco años, compramos otra lancha. Un día vimos a un profesor (Renosto) dándoles clases a unos chicos al lado de su lancha en el delta del Tigre. En ese momento, yo, mamá, dije una frase que parece haber marcado la vida de la familia, “¿por qué no le hacemos tomar clases a Mario, el hijo mayor?” Luego empezó Javier a los cinco años a pararse en una tablita al lado de la lancha. Un día sufrió una caída, tragó mucho agua y no se volvió a subir hasta los seis. Cuando volvió a la lancha, se hacía una bolita en el asiento de atrás y no quería mirar a su hermano en el agua.
Luego siguieron con clases hasta que en 1986 Javier, de ocho años, compitió por primera vez. Siempre se le vio una pasta diferente y a los nueve años saltó por primera vez la rampa, y sigue siendo el argentino más chico en saltar la rampa. En realidad, yo no quería verlo saltar tan chiquito y ese día no fui al río.
Javier entrenó con Renosto hasta el año 1991. Eran años muy difíciles. Nuestros hijos iban al colegio, la primaria en Chester College y secundaria en el Colegio Washington que le dio a Javier media beca y siempre respetaron sus viajes para competir. De ahí en más entrenó con su hermano, Mario, yo de asistente y su padre que, siempre le manejaba la lancha, con suma dedicación, trabajo y cuidado. Tuvo su primer torneo Internacional a los doce años en Chile (1990), su primer torneo Latino Americano en Brasil (1991) y fue campeón de Figuras Latinoamericano ¡a los 13 años!
Económicamente era un gran sacrificio. Se alquilaban casas en el río y se terminaron las “Vacaciones”. Fines de semanas, invierno y verano salíamos a entrenar… ¡hasta con 5 grados de frío! Alfredo Virger, un muy buen esquiador, colaboró por un período en los entrenamientos. Uno de los problemas más grandes era la lancha que al ser una embarcación vieja se rompía a menudo y había que llenar el tanque de nafta. Todos estos gastos se aliviaron algo cuando en 1993 la Secretaría de Deportes compró una lancha y Javier empezó a cobrar una beca.

Vivencias de los padres de JAVIER JULIO, un deportista de elite

“Cuando vemos ahora consagrado ya a nuestro hijo y conocemos entrañablemente el sacrificio que ello lleva atrás, por haberlo compartido y vivido tan de cerca, vemos que todo lo realizado no ha sido en vano, que nuestras metas y las suyas, se han cumplido con creces…
Yo, Alicia, la mamá, como Secretaria de la Federación Nacional y algunas veces como juez de las competencias, he tenido la dicha de poder acompañarlo en algunos de sus triunfos, tales como algunos de los Campeonatos Latinoamericanos, que obtuvo ya por décima vez; Panamericanos, medalla de plata dos veces consecutivas en 2002 y 2004 y el Mundial de Orlando en el 2003, donde obtuvo la Medalla de Bronce… También en los Juegos Panamericanos de Winnipeg 1999 y Santo Domingo 2003, donde también obtuvo sendas Medallas de Bronce… No he podido estar en los Mundiales de Recetto, Italia, 2001, y en el más reciente de China, en los cuales se consagró Subcampeón Mundial. Es muy difícil poner en palabras la emoción que siento al verlo en esos podios, los más importantes del mundo…en un instante pasan por mi mente todos sus años de sacrificio y entrenamiento, y toda nuestra vida, dedicados a estar siempre allí, donde él lo necesitara. Su papá, Oscar, su piloto oficial en todos los años de su formación, lamentablemente no puede acompañarlo y todo lo vive a través del teléfono y ahora, de internet.
Los primeros podios los subíamos a la par y estos últimos los sube principalmente él y nosotros lo aplaudimos, lo gozamos y observamos a la distancia. Ahora el sentimiento es: tarea cumplida por nuestra parte…el resto, de aquí en más depende exclusivamente de él…ya no somos imprescindibles como lo éramos antes, aunque sentimos y él también lo siente, que cuando él está en esos podios, mucho nuestro hay atrás, que es el fruto y la coronación de un trabajo de equipo. Toda nuestra familia estaba comprometida con esta meta. Mario, nuestro otro hijo cinco años mayor que él, fue su entrenador hasta el año 1994, en que ya comenzó a trabajar y sus tiempos no le permitieron seguir entrenándolo. La tarea recayó entonces exclusivamente en nosotros dos. Fue un crecimiento y aprendizaje mutuo; nos empezamos a meter en el mundo del deporte de alto rendimiento, a ir a charlas, leer libros y conocer al deportista de “adentro”.
Nuestras metas han sido cumplidas. Quizás no todavía las de él, ya que siempre pretende más. No fue fácil manejar sus presiones y, a su vez, que él no sintiera las nuestras. Siempre él priorizó su entrenamiento pero supo dosificar sus amigos, fiestas, relaciones y adecuarlas a ésta, su prioridad. Pero Javier fue, y es, muy perfeccionista y las presiones se las ponía él mismo…ese perfeccionismo era lo que lo llevaba a tener unas rabietas incontrolables que, al no salirle las cosas en los entrenamientos tal como él pretendía, desembocaba en un bloqueo tal que la sesión de entrenamiento era inútil. Ahí fue cuando fui a pedir “auxilio” al Departamento de Psicología del CENARD y ahí fue cuando comenzó sus sesiones con Patricia Wightman, hablamos del año 1993, cuando ya su meta próxima era el Mundial Juvenil del año 1994, en donde se consagra Campeón Mundial Juvenil de Overall y Figuras.
Una característica de Javier fue siempre su fortaleza mental…todas las presiones que sentía eran para con él mismo…y algo que siempre le inculcamos fue que nunca tenía que pensar en ganarle a sus competidores…él tenía que tirarse al agua a hacer lo de él…y el resto vendría como una consecuencia. Fue justamente esta fortaleza mental lo que le permitió a Javier sobreponerse al accidente que tuvo en abril del 2000, cuando, saltando la rampa en el Tigre tuvo una luxación de cadera. Con toda dedicación abordó el trabajo médico y psicológico para recuperarse y en Octubre del mismo año volvió a esquiar. En 2001, en el campeonato Latino Americano quedó subcampeón en salto de rampa.

Paralelamente a su formación deportiva, también nos esforzamos en hacerlo una persona de bien, en darle una formación como persona, no por ser lo que era se lo consentía…en esto también nos hemos visto recompensados con creces….en todas partes Javier es reconocido no solo por sus valores como deportista y por lo que él hace en el agua, sino, y sobre todo, por su humildad, su sencillez y su hombría de bien. Para nosotros, ir afuera y ver cómo lo tratan y respetan, también es decir: “tarea cumplida”.
El “equipo” que ahora ya no está materialmente cerca de él, estamos sí, pero no de la misma manera, ahora somos tan sólo sus “padres”…Debemos hacernos a un lado para que así él pueda crecer y seguir adelante en estos años de mayor compromiso que son los que está transitando y los que le quedan por transitar en su carrera deportiva, que, creemos, está lejos de finalizar.
Cuando en el invierno del año 1998 Javier se fue por primera vez por cuatro meses a EE.UU., fue para nosotros un golpe terrible. De repente nos vimos que nuestra vida, organizada de acuerdo a sus horarios y a sus necesidades, se había quedado sin todo ello…también nosotros tuvimos que aprender que ésa era la ley de la vida, que él debía crecer solo y confiar en que todo aquello que habíamos sembrado, diera sus frutos… nuestro “nido vacío” fue, creemos, mucho más “vacío” que aquél que sufren padres comunes…porque nuestro compromiso con él quizás fue demasiado…nunca dejaremos de sentir su compromiso como propio y de estar pendientes de todo lo que con ello se relacione. No obstante, ¿para qué engañarnos?, a los dos nos gustaría, más que nada en la vida, poder acompañarlo y estar a su lado en todas las competencias importantes en las que compita, pero nuestra maltrecha economía no nos lo permite…y eso duele…demasiado…
Alicia y Oscar Julio