Lic. Darío C. Mendelsohn

Es habitual, que en la mayoría de las notas periodísticas, y sobremanera en instancias decisivas, se invoquen términos psicológicos, para explicar la performance de un futbolista o de un equipo; entonces podemos escuchar de boca de los protagonistas, frases tales cómo: “ estamos bien de la cabeza”, “ anímicamente venimos bárbaro”, “ tenemos una confianza enorme”, o su contrapartida: “ estamos golpeados “, “ necesitamos un triunfo para salir del pozo”, “ Tocamos fondo “, etc.
Si bien es cierto que un estado u otro son palpables en la cotidianeidad, no menos cierto es que generalmente no se evalúan estos ítems, sino que se determinan a “ ojímetro “, de manera tal que se saben (y sufren) las consecuencias, pero pocas veces se investigan las causas, que originaron dicho presente.
Uno de los desafíos que tenemos los Psicólogos especializados en Deporte con orientación hacia el fútbol, es aportar herramientas evaluativas donde tenga preeminencia lo objetivo por encima de las valoraciones subjetivas.
Es habitual que en la mayoría de las empresas medianas o grandes, de nuestro país antes de incorporar a un empleado nuevo, se le realice un examen psicodiagnóstico, aún antes de considerar la capacidad técnica, que suele ser decisivo, para saber si el perfil de personalidad del trabajador que se quiere incorporar es el adecuado para la tarea, y si dicha empresa puede satisfacer las necesidades del futuro empleado.
El primer interrogante que surge es: ¿ Porqué no sucede lo mismo con los deportistas y/o entrenadores?
Es posible que parte de la respuesta la tengamos los Psicólogos, que no supimos, o no pudimos dar respuesta a dicho interrogante, pero también es cierto que el deporte en general, y el fútbol en particular es resistente a incorporar nuevos conocimientos científicos probados en otros sitios.
El segundo interrogante que aparece es: ¿ Porqué será que en el 2002, todavía en el deporte nos manejamos con métodos de hace 30 o 40 años, hablando específicamente de las evaluaciones psico-deportivas?.

Ahora bien, creo que resulta indispensable antes de comenzar con un proceso evaluativo, tener en claro las particularidades de cada deporte, ya que es muy distinto un deporte individual a uno grupal, y más aún, el fútbol, que como expresión grupal tiene peculariedades y condimentos que ningún otro deporte tiene en nuestro país, lo que le da características de único, y cómo tal requiere instrumentos particulares para llevar adelante una evaluación.
Coincidimos con Anguera (1989) en que “ La ciencia empieza con la observación “.La observación sistemática, es una de las herramientas más ricas que tenemos los psicólogos, ya que si uno quiere tener una idea acerca de cómo es una persona, un buen ejercicio es darle una pelota de fútbol, sin ninguna consigna previa, y observarlo mientras juega; seguramente en poco tiempo podremos advertir: la solidaridad, el egoísmo, el altruismo, los celos, la alegría, la bronca, el individualismo, la fraternidad, etc.
Si dicha observación es llevada a cabo en forma diaria, podremos verificar los cambios (o no) que se producen en los jugadores, ante las circunstancias del entrenamiento (por ejemplo, estar entre los titulares o suplentes) y en las instancias previas a las competencias, y en las competencias mismas, sumado a todas las vicisitudes que se producen en un equipo deportivo de aproximadamente 30 personas que están compartiendo una misma identidad, un mismo ámbito de trabajo, y similares intereses (aunque esto último no siempre es así).
Otro de los instrumentos que utilizamos los psicólogos especializados en deporte, es la entrevista deportiva, con modalidad semi-pautada, que nos brinda, una gran cantidad y calidad de datos, aunque para que dicha entrevista sea fructífera, resulta indispensable haber construido antes una corriente afectiva con el futbolista, para que este pueda abrirse y explayarse, no sin antes haberle asegurado al evaluado la garantía del secreto profesional, condición que creo es decisiva para poder sostener la labor profesional dentro de un plantel de fútbol.
Para poder examinar el grado de atención y concentración estructural, es conveniente aplicar el Test de Toulouse – Pierón (en sus dos versiones) que nos brinda un coeficiente de atención y concentración de base, que nos permite desde ahí trazar y llevar adelante un trabajo planificado para acrecentar el nivel de concentración del futbolista (ver artículo: “Test de Toulouse-Pierón aplicado a jugadores de fútbol profesional Club El Porvenir, años 1996/98” www.efdeportes.com año 5 N° 18 – febrero 2000.
El Test de Poms, que mide el perfil de estados de ánimo de una persona, es auto administrado, consta de 65 palabras, ante las cuales el futbolista deberá elegir una opción entre cinco, para cada palabra y es conveniente tomarlo con cierta asiduidad, que estará marcada por los cambios (a favor y en contra) que se produzcan en el equipo, y nos brindará información fidedigna, no sólo de cada jugador, sino también podremos tener una aproximación certera a la realidad anímica grupal.
Si tenemos en cuenta que una de las claves del éxito de un equipo de fútbol es establecer una buena relación entrenador – plantel, para ello, es de suma utilidad la encuesta dividida en tres partes, cuyas preguntas son: que necesitarías del entrenador antes, durante y después del partido, que también es auto administrada, aparentemente es muy sencilla, pero si hay compromiso del plantel con las respuestas, se puede convertir en una fuente de información muy rica para el psicólogo y el entrenador.
Así sucedió cuando tuve la posibilidad de ser entre los años 1996 /98, el psicólogo del plantel profesional de El Porvenir, que era conducido por el Sr. Ricardo Calabria, ya que cuando les solicité a los jugadores que respondieran dicha encuesta, lo hice con la consigna de que fuera anónimo (inclusive puse un canasto vacío en la utilería para que las encuestas fueran depositadas allí, sin que yo pudiera ver quién era el que la dejaba), porque lo que se buscaba era saber que decían y no quienes decían; convirtiéndose dichas respuestas, en un punto de inflexión en cuanto a la relación entrenador – plantel, ya que se tomaron las inquietudes de los futbolistas con respecto al entrenador, y éste modificó algunas cuestiones allí planteadas, que fueron muy bien recibidas por los futbolistas.
En esta misma línea otra de las encuestas útiles para favorecer la interrelación entrenador – plantel, es la de funciones del entrenador, que mediante una serie de preguntas y opciones auto administradas, señala que esperan los jugadores de su técnico.
Para poder obtener información sobre los líderes, los relegados, la inserción del jugador en el plantel, y su mirada sobre el grupo en general, es conveniente aplicar la encuesta de dinámica grupal, que consta de seis preguntas.
Por otro lado, si bien sabemos que la motivación no es cuantificable, sí podemos aproximarnos a obtener una idea bastante cercana a la realidad a través de la observación diaria del futbolista, ya que la motivación se expresa a través de la conducta, y sumarle la encuesta de los 10 deseos personales (positivos o negativos), y los 10 deseos de un personaje real o inventado, todo lo cual nos dará información en cuanto a la motivación real del deportista; y a partir de allí podremos intervenir para colaborar en el acrecentamiento de la misma, en el caso que sea necesario.

Prosiguiendo con los instrumentos individuales, podemos emplear el Test de Staxi, que mide la expresión del enojo y agresividad, en forma estructural y el grado actual de hostilidad que posee el deportista.
Otro elemento individual muy efectivo son las planillas de seguimiento individual.
Dicha técnica consiste en recopilar en una competencia todos los movimientos de un jugador determinado (previa elección hecha por el entrenador), en cuanto a la cantidad y calidad de contactos de dicho futbolista. Si la recolección de datos se hace en forma manual, es aconsejable que se lleve a cabo entre dos personas, ya que a una persona sola se le dificulta el hecho de mirar y anotar al mismo tiempo, debido a la rapidez de las maniobras.
Para que la técnica alcance cierto valor estadístico, es recomendable hacerlo mínimamente tres veces con cada jugador, teniendo de esta manera 2 partidos de local y uno de visitante o viceversa.
Si tenemos en cuenta que: “ La evaluación efectuada por los entrenadores inmediatamente después del encuentro, es correcta nada más que en un 12 % de los casos”[1].
O, cómo dice Wilkinson (1982), el análisis de las prestaciones de los jugadores y de los equipos de fútbol se realiza exclusivamente mediante la intuición de los entrenadores, lo que conlleva una elevada subjetividad y poco valor científico[2], veremos como crece en importancia dicha técnica, y el proceso evaluativo en general.
En cuanto a los instrumentos grupales, podemos emplear el Sociograma deportivo, que es una radiografía grupal, que tiene la particularidad de que nos brinda una gran cantidad de información, y en muy poco tiempo. (Ver artículo: “ El Sociograma Deportivo “, www.efdeportes.com, año 3, N°12 – Diciembre 1998) Asimismo, tenemos la posibilidad de emplear el Motorgrama, que es un registro de la interacción que se da en un equipo dentro de la cancha, y al saber previamente la idea táctica del entrenador, y las indicaciones dadas a sus jugadores, podremos cotejar con el registro, quienes entendieron y pudieron llevar adelante las consignas establecidas por el Director Técnico, y con estos datos, establecer estrategias (junto con el entrenador) de comunicación, o revisar desde el cuerpo técnico, si las tareas asignadas se corresponden con el jugador elegido.[3]

Otro ejercicio que puede ser muy interesante llevar a cabo con un equipo de fútbol es el llamado: “ Sea técnico por 10 minutos”.
El mismo consiste en dividir al plantel en 3 partes de igual cantidad de integrantes cada uno, y pedirle a un grupo que arme un equipo, con su táctica y su entrenador, para que confronte con otro de los grupos que previamente también armó su equipo con su entrenador, y el tercer grupo hace de observador, concluyendo, luego de rotar los roles, para que todos sean observadores, con las conclusiones de cada grupo, que suelen ser tan importantes como percibir el desarrollo de todo el ejercicio, ya que de aquí se podrá extraer gran cantidad y calidad de información.
Además, y para poder retestear, o agregar datos en los casos que sean necesarios, tenemos la posibilidad de utilizar el Test de STAI (cuestionario de ansiedad estado y ansiedad rasgo), el Test de Win Data (expresión del ritmo cardíaco), Test de EPI (cuestionario de personalidad), Grillas y rejillas de concentración con diferentes estímulos, encuesta de indicadores de tensión y ansiedad, etc., entre otros instrumentos que periódicamente debemos investigar y actualizar, para poder estar en condiciones de ofrecer a quienes soliciten los servicios de un Psicólogo especializado en deportes, con orientación hacia el fútbol, elementos confiables que contribuyan, tanto al bienestar psicológico de los futbolistas, cómo así también colaborar para elevar el rendimiento deportivo.

Bibliografía

  • EYSENCK. H. Epi – Cuestionario de Personalidad. Madrid 1990
  • GARCIA, GEMA M., DE LA VEGA MARCOS, R. La Evaluación psicológica en el trabajo aplicado al fútbol. www.efdeportes.com Año 7 – N° 38 – Julio de 2001.
  • MENDELSOHN, D. El Sociograma Deportivo. www.efedeportes.com Año 3 N° 12 – Diciembre 1998.
  • MENDELSOHN, D. Test de Toulouse-Pierón aplicado a jugadores de fútbol profesional Club El Porvenir, años 1996/98. www.efdeportes.com Año 5 – N° 18 – Febrero 2000.
  • MONTERO, A. Registro y análisis de la interacción de un equipo de fútbol. www.efdeportes.com Año 5 – N° 25 – Septiembre de 2000.
  • MORENO CONTRERAS, M., PINO ORTEGA, J. La observación en los deportes de equipo. www.efdeportes.com Año 5 – N° 18 – Febrero 2000.
  • PINO ORTEGA, J. Evolución de los instrumentos y métodos de observación en fútbol. www.efdeportes.com Año 4 – N° 17 – Diciembre 1999.
  • SPIELBERGER, C. Stai – Cuestionario de ansiedad estado – rasgo. Madrid 1994
  • SPIELBERGER, C. Staxi – Inventario de expresión de enojo estado – rasgo. 1991