Lic. Pablo Martin Nigro & Lic. Verónica Rubin

El fútbol argentino es paradigma universal del desarrollo juvenil. Los cinco títulos sub 20 y la permanente consagración de figuras que no alcanzan la mayoría de edad avalan el concepto del ámbito local como cantera del mundo. La fuga de talentos es cada vez más temprana y la renovación de los planteles constituye una constante contemporánea.
En este sentido, el modelo de las divisiones inferiores argentinas ofrece una insignia del arraigo de subsistencia para la formación de los jóvenes: la pensión.
Pensadas como “viviendas anexas al club”, las pensiones funcionan como hogar para un grupo de jugadores de entre 10 y 21 años. Allí viven, conviven, se alimentan, descansan y estudian.
Las razones por las que los chicos desembarcan en las pensiones están relacionadas con las distancias geográficas y por sus capacidades económicas. Así, los jóvenes deben despegarse de sus familiares y de sus ciudades, provincias y hasta países de origen para mantener vigente el sueño de llegar a Primera.
El sacrificio juvenil es proporcional al esfuerzo de empleados y socios que trabajan y colaboran en las pensiones. En los centenares de hogares de este tipo que existen en el fútbol argentino, cifra no común en otras latitudes, el factor psicológico pasa a ser fundamental. A la formación personal y profesional que supone un adolescente con proyección de futbolista, se le impone una madurez apresurada.
Como primera medida debemos entender con que población se trabaja en una pensión de fútbol juvenil ya que de esta manera nos posibilitará entender y ayudar a estos chicos, quienes atravesarán durante un período largo de tiempo muchos obstáculos y un sin fin de conflictivas en búsqueda de lograr atrapar ese sueño tan anhelado de jugar en la primera división del fútbol.
En algunos casos, estos chicos llegan al club a los 10 años, cabe mencionar como ejemplo el Club Atlético River Plate, que cuenta con dos pensiones, una de ellas perteneciente al fútbol infantil con niños entre 10 y 13 años y la otra de fútbol amateur con chicos de 14 a 21 años. Si bien el trabajo que se realiza en ambas pensiones desde el aspecto psicológico es similar, es claro que en el caso de los mas chicos sienten más el desarraigo y el trabajo de adaptación va a ser fundamental para que el niño pueda no solo permanecer en club sino estar cómodo y disfrutar al máximo su camino a primera.
Los chicos a esta edad estarán iniciando o atravesando un período trascendental en sus vidas, la adolescencia, siendo este un momento de transición, una etapa del ciclo de crecimiento que marca el final de la niñez y prenuncia la adultez. Para muchos jóvenes la adolescencia es un periodo de incertidumbre e inclusive de desesperación; para otros, es una etapa de amistades internas, de aflojamiento de ligaduras con los padres, y de sueños acerca del futuro. La adolescencia constituye una etapa de la vida en la que se suceden una serie de cambios no sólo a nivel físico, sino también a nivel emocional, social y del desarrollo intelectual. Es un período en el que comienzan a experimentarse e incorporarse cambios interiores, búsqueda de la identidad; cambios exteriores y corporales, desarrollo sexual; etapa de intercambio con el medio que los contiene.
En el caso de los chicos que viven en las pensiones, se le suma además el hecho de compartir su vida cotidiana con aquellos con quienes compiten por un puesto en el equipo.
El trabajo psicológico que se desarrolla en las pensiones esta abocado a la contención, al tratamiento de las conflictivas que se presentan y a la prevención de temas como por ejemplo la deserción escolar, las lesiones, los inductores de stress, las adicciones (alcohol, cigarrillos, drogas) y la educación sexual.
El club les brinda muchos beneficios que les permite desarrollar la actividad:una alimentación sana y balanceada ( especialmente regulado por nutricionistas) alojamiento, vestimenta y por sobre todo la educación, siendo esto uno de los requisitos fundamentales para su permanencia en la pensión. A los jóvenes la posibilidad de ser parte de este grupo selecto de pensionados les puede generar mucha presión ya que en sus pensamiento puede existir la idea de que sino cumple con las expectativas generadas puede perder el beneficio de pensión y de esta manera se tendría que volver a su casa. Temas como este son algunos de los conflictos comunes con los que se tiene que lidiar constantemente.
Así mismo cabe destacar la importancia de las familias de los chicos, principalmente los padres, ya que ellos si bien tienen un rol fundamental en la vida de sus hijos también serán determinantes en la vida deportiva ya sea, en el mejor de los casos como motivadores, o en el peor, como obstaculizadores. Los padres, aunque estén a la distancia, deben continuar con el cuidado de sus hijos impartiendo normas y valores, manteniendo contacto constante con ellos, brindándoles la contención adecuada que les permita desarrollarse integralmente.
El sacrificio es muy grande, no solo de los jóvenes sino de todo el grupo familiar, van a ser muchos los obstáculos a atravesar y la función del club no solo será la de formarlos futbolísticamente sino fundamentalmente la de formarlos como personas de bien, ayudarlos a encontrar las herramientas necesarias para superar los escollos que se presenten y lograr el deseo (a veces más familiar que personal) de llegar a jugar en la primera división de fútbol.

Lic. Pablo Martin Nigro

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Lic. Verónica Rubin
Licenciada en Trabajo Social (UMSA). Trabajadora Social del Área Social del Depto. de Fútbol Amateur del Club Atlético River Plate. Trabajadora Social del Fútbol Juvenil del Club Atlético Chacarita. Miembro del equipo de planificación y ejecución del Proyecto Vianda Deportiva (AFA – C.A. River Plate). Docente adjunta en la Carrera de Trabajo Social en la Universidad del Museo Social Argentino.