Lic. Pablo Martín Nigro

Cuando el arbitro hizo sonar el silbato finalizando el último partido de la Copa América, aquel que la Argentina perdió 3 a 0 con Brasil, en una gran demostración de fútbol y técnica de la formación verdeamarilla, apagué el televisor, y de a poco fui superado la desazón, en su lugar se había instalado una pregunta: ¿Por qué tanta diferencia entre las expectativas y la realidad?
Se me ocurrió que había algo intrínsecamente erróneo en nuestra valoración de las posibilidades de ese equipo de fútbol; pensé en un artículo que había leído recientemente y que hablaba sobre el riesgo de incluir estrellas en un equipo de trabajo. Y aunque el artículo se refería al mundo empresarial y valoraba dificultades que se producen cuando una persona exitosa cambia de ámbito laboral, presentando problemas de adaptación, expectativas desmesuradas, etc., alerté que el equipo argentino que había perdido aquella final, cabiéndole para el ya conocido exitismo argentino el mote de “fracaso”, estaba compuesto en su gran mayoría de estrellas futbolísticas.
¿Será quizá que los argentinos valoramos más la capacidad individual que la habilidad para dejar de lado el ego y trabajar en equipo? Quizás, al formar un equipo de trabajo, o al elegir a un deportista para que cubra cierta posición en el terreno de juego, cometemos el error de elegir el mejor de cada puesto, sin tener en cuenta la compatibilidad de esa persona, no sólo con sus compañeros eventuales, sino con el medio ambiente, con los objetivos a cumplir, con la filosofía de trabajo…
Quizás, hasta que no aprendamos esta lección y abandonemos el culto del ego, seguiremos asombrándonos cuando un equipo de cuasi desconocidos sin ninguna aptitud individual descollante, obtiene resultados que se vuelven inalcanzables para un conglomerado inconexo de individuos, no importa cuán talentosos sean…
Desarrollando esta idea, primariamente me gustaría explicar el porque creo que la formación de un grupo de trabajo o equipo deportivo superará de manera mas simple los obstáculos que se le presentarán en el camino. Para ello debemos definir de la manera mas sencilla qué es un grupo de trabajo, siendo éste un grupo de personas trabajando de manera coordinada en la ejecución de un proyecto, y que cuentan con objetivos en común, alcanzables, claros, realistas y lo suficientemente flexibles que permitan su revisión y la posibilidad de introducir cambios si fuera necesario. Es importante tener en cuenta que si bien cada integrante de un equipo de trabajo tiene su propio objetivo, es imprescindible que todos apunten a una meta en común que seguramente al alcanzarla les deparará acercarse a sus metas personales.
Cabe señalar que cuando hablo de trabajo en equipo me refiero al desarrollo interdisciplinario en donde cado uno desde su lugar aportara lo necesario en busca de lograr el objetivo en común,
El trabajo en equipo no es simplemente la suma de aportes individuales. Un grupo de personas trabajando juntas en la misma materia, pero sin ninguna coordinación entre ellos, en la que cada uno realiza su trabajo de forma individual y sin que le afecte el trabajo del resto de compañeros, no forma un equipo. Citando al Licenciado Marcelo Roffé en su libro con la Cabeza Hecha Pelota, “Cada uno debe renunciar a su verdad, no existe una verdad absoluta, en el esfuerzo para que a uno lo entiendan y uno hacerse entender”
El trabajo en equipo se basa en:
Comunicación: exige una comunicación abierta entre todos sus miembros, esencial para poder coordinar las distintas actuaciones individuales.
Complementariedad: cada miembro domina una parte determinada del proyecto, la que mayor conocimiento tiene o en la que se especializó, estos conocimientos son necesarios para sacar el trabajo adelante.
Coordinación: el grupo de profesionales, con un líder a la cabeza, debe actuar de forma organizada con vista a alcanzar los objetivos.
Compromiso: cada miembro se compromete a aportar lo mejor de si mismo.
Confianza: cada persona confía en el buen hacer del resto de sus compañeros. Esta confianza le lleva a aceptar anteponer el éxito del equipo al propio lucimiento personal.
Son mucho los ejemplos que podemos mencionar acerca de verdaderos equipos deportivos que en los papeles no mostraban grandes talentos individuales pero que con el esfuerzo de cada uno de sus miembros han obtenido importantísimos logros, aquellos equipos que nos emocionan y nos hacen recordarlos por siempre, dándonos la posibilidad de creer que el sacrificio y el trabajo en equipo logrará aquellas cosas que para uno solo serian utópicas.