Lic. Patricia Fuentes

El golf es conocido como un deporte donde uno debe controlar lo emocionalpara mantener la armonía y relajación necesarias para conseguir un buen score. Así es que los golfistas que comienzan y se encuentran de repente haciendo o diciendo cosas que nunca hubieran imaginado de sí mismos; deciden que deben aprender a reprimir esas exclamaciones o esos “palos voladores”, y mostrarse serenos y concentrados todo el tiempo. Si así lo hacen lo que mejor juegan, será porque sirve y habrá que intentarlo.
Las emociones quedan así como generadoras de problemas y comenzamos una lucha contra ellas, quienes se encargan de darnos batallas día a día, golpe a golpe. El problema de un golfista cuando se ve tirando un palo o con palpitaciones luego de un doble boggie, no es quizás lo que hizo, sino la energía de L emoción que sintió y el miedo que trae aparejado la sensación de inseguridad; ¡cómo va a terminar todo esto!.
Esto pasa, porque la mayoría de la gente, no todos, estamos acostumbrados a rechazar lo emocional como si fuera lo opuesto a lo inteligente, y se ha comprobado que el buen conocimiento de las emociones trae como consecuencia un desarrollo del coeficiente intelectual. “Nuestro coeficiente intelectual puede ayudarnos a comprender y afrontar el mundo a determinado nivel pero precisamos nuestras emociones para entendernos y tratar con nosotros mismos y a su vez entender y tratar a los demás” (Su inteligencia Emocional – Jeane Segal).
Un golfista que pretende jugar y hacer un score cada vez mejor, debe aprender a conocer sus emociones y no solamente “encapsularlas”. Lo encapsulado tiende a reaparecer, lo comprendido se transforma en un producto positivo. La palabra emoción viene del término motere, que significa mover, y son las emociones las que nos motivan para actuar. Cuando más apasionados somos hacia algo, más aptos somos para actuar sobre ello.
Mientras consideramos que “hay que usar la cabeza”, que hay que ser por sobre todo “inteligentes intelectualmente”, que la razón nos acerca a la verdad, etc, etc, nuestras emociones no desaparecerán, sino que se verán reprimidas y con el tiempo pueden aflorar a la superficie, provocando explosiones inesperadas. Si desarrollamos un verdadero conocimiento emocional, nos vamos a percatar rápidamente de las señales físicas que anuncian la emoción, y esas emociones serán controladas positivamente. Pero claro, ustedes se preguntarán cómo vamos a ser golfistas y estar llenos de furia, frustración, entusiasmo, duda, etc. En realidad, el ataque de furia, por ejemplo, ocurre cuando ese sentimiento se ha negado o tratado de evitar sentir a través de dos o tres hoyos malos, donde cometimos grandes errores. La bronca reprimida se desata con un tiro que colmó nuestra capacidad de negar y ¡bummmmmmmmmmmm! Ataque de furia !!!!!!!, abandonamos y nos vamos a casa o tiramos el palo al estilo “helicóptero” por entre los pinos. “Experimentar nuestros sentimientos cuando se producen es algo sano para la mente, el cuerpo y el espíritu”.
Tener un buen control y conocimiento de las emociones nos trae tantas o más ventajas que tener un alto coeficiente intelectual y cuando uno lo desarrolla, esto se parece al golf: una vez que has empezado a jugar, te sientes impulsado a seguir tratando de mejorar tu juego.
Para lograr este camino, que nos va a llevar a una mejoría de nuestro juego sin darnos cuenta, debemos empezar por permitirnos percibir las sensaciones de nuestro cuerpo.
Incorporar al juego, el reconocer las emociones nos resultaría muy agresivo y el camino debe ser progresivo, por ello es bueno empezar por incorporar las sensaciones físicas, salir primeramente en la práctica y permitirnos usar en cada tiro una sensación que nos guste y tratar de revivirla cuantas veces podamos. Luego sacaremos conclusiones. Quizás encuentren que al dejar al cerebro analítico para la parte previa al golpe, donde decido el palo, la dirección, etc, eso me libera para sentir el swing y liberar mis músculos, mi ritmo y concentrar mi atención solamente en sensaciones.
Notarán una gran diferencia con otro día cualquiera que han jugado, y quizás descubran un nuevo camino, que si lo eligen, los llevará a un golf más pleno y estable. ¡Buena suerte!.