Dr. Félix Guillén García

La Psicología del Deporte en muchos de nuestros países ha avanzado muchísimo en las últimas dos décadas. Sin embargo, esa evolución y desarrollo alcanzado hasta la fecha no ha evolucionado de igual manera en todos y cada uno de los ámbitos de esta disciplina, así como en cada uno de los países que conforman nuestro entorno sociocultural y lingüístico.
Así nos encontramos, por ejemplo, que en el campo académico, con lo que conlleva de formación y docencia, ha evolucionado bastante y ello se aprecia en el cada día mayor número, por un lado, de asignaturas, cursos, maestrías, etc. Y, por otro lado, en la cantidad de investigaciones que se están realizando, la existencia de numerosas revistas especializadas, la celebración de considerables eventos científicos, gran auge de las publicaciones, etc. Sin embargo, y a pesar de lo comentado, en el campo profesional y aplicado el desarrollo alcanzado, desde mi punto de vista y de otros muchos colegas, no ha sido todo lo satisfactorio que podría ser y que además sería deseable. Para sustentar esta afirmación sobre el escaso desarrollo alcanzado en el plano aplicado sólo tenemos que acercarnos a nuestra realidad más inmediata y contabilizar el número de psicólogos que desarrollan su labor en federaciones, equipos clubes o individualmente con deportistas, sorprendiéndonos del escaso número de profesionales que están trabajando en estos ámbitos. En cualquier caso, estos datos mostrarían que no existe un
paralelismo mínimo con la evolución alcanzada, por ejemplo, en el ámbito investigador o docente. Todo ello debería hacernos reflexionar sobre la labor que todas las personas interesadas en el tema estamos desarrollando a favor de la Psicología del Ejercicio y el Deporte.
A mi juicio ese escaso progreso está reflejando el divorcio existente entre la investigación y la práctica. Más aún entre los psicólogos del deporte y el resto de profesionales del deporte. Este divorcio que refleja claramente el desencuentro entre profesionales del deporte, ya sean estos entrenadores, árbitros, profesores o deportistas, por citar solo algunos, y los psicólogos del deporte, debe superarse de una vez por todas, si queremos que se consolide nuestra disciplina. Este divorcio al que me refiero, a mi juicio, al profundo desconocimiento que existe entre los profesionales del deporte, sobre qué es la psicología del deporte y qué puede ofrecer la misma al mundo de la actividad física, ejercicio y el deporte. En ningún caso creo que esta responsabilidad o culpa sea atribuible a dichos profesionales, sino todo lo contrario, ya que la responsabilidad es nuestra, ya que no hemos sido capaces de llegar a ellos y transmitir claramente los fundamentos de la misma. Posiblemente ese desconocimiento, que no se debe a una sola razón sino a múltiples cuestiones, ha dado lugar a que la mayoría de las personas desconozcan totalmente en qué consiste la psicología del deporte y sus aportaciones o también ocurre que en otros casos la percepción que de ella se tiene es equivocada y no se corresponde con la realidad. Sinceramente, creo que los profesionales de la psicología del deporte deberíamos considerar las siguientes cuestiones: En primer lugar, DIVULGAR LA PSICOLOGÍA DEL DEPORTE. Para ello deberíamos realizar acciones encaminadas a dar a conocer en que consiste la psicología del deporte y romper las falsas concepciones existentes sobre la misma. En muchas ocasiones ocurre que la psicología, y por extensión la psicología del deporte, se asocia con enfermedades mentales, trastornos, locuras, etc., por otra parte de las personas implicadas, ya sean estas entrenadores o deportistas. Para ellos la psicología del deporte y los psicólogos del deporte se asocian con connotaciones negativas e indefectiblemente se tiende a rechazar cualquier tipo de acción aunque la misma va encaminada, por ejemplo, a la mejoría del rendimiento deportivo. Básicamente por esta razón los profesionales de la psicología deberíamos dar a conocer de forma clara y sencilla, en qué consiste la psicología del deporte, los aspectos sobre los que podemos trabajar, como podemos trabajar y los beneficios que podemos aportar. En definitiva, -y me voy a permitir usar este término- se trata de “vender el producto”. A otros niveles se debería considerar la realización de publicaciones que se caractericen por estar dirigidas exclusivamente a entrenadores y/o deportistas y no tener un lenguaje y estructura excesivamente rigurosa y de difícil lectura. Si analizamos el panorama editorial encontramos que actualmente el número de publicaciones existentes en el mercado sobre psicología del deporte, y que están destinadas a un público más restringido, como es el conformado normalmente por colegas profesionales.
Siguiendo con las propuestas que conlleven hacia un mayor conocimiento y acercamiento de nuestra disciplina, habría que considerar la realización de eventos, como cursos, seminarios, congresos, etc., destinados al gran público. Actualmente los eventos que se realizan básicamente, y en la mayoría de los casos, son de carácter científico. Aunque los mismos han de mantenerse, también sería oportuno organizar seminarios, cursos, etc., dirigidos a entrenadores deportivos, profesores de educación física, padres, deportistas, árbitros, directivos, periodistas deportivos, etc. En otro orden de cosas, también deberíamos realizar “investigaciones aplicadas”, que den respuestas a las necesidades de los diferentes colectivos implicados. Posiblemente, los trabajos e investigaciones que se están ejecutando, en muchas ocasiones, no responden a las necesidades de los deportistas, sino a intereses de los propios psicólogos del deporte. En este sentido, considero que sería oportuno que reconsideráramos muchas de las líneas de trabajo e investigaciones actuales, de manera que las mismas vayan dirigidas a responder las dudas y demandas de esos profesionales. Igualmente, hay que destacar que los potenciales usuarios de los servicios –psicológicos- que pudiéramos prestar desconocen como acceder a este campo, a pesar de la gran incidencia de las nuevas tecnologías. Por tanto antes esa escasa información que le llega al público en general, deberíamos plantearnos y crear mecanismos de divulgación de esta especialidad y de los servicios que los profesionales de la misma pueden ofrecer. En cualquier caso y a pesar de todo lo anteriormente expuesto, al ámbito de la docencia y la investigación todavía le queda un trecho muy amplio por recorrer. Aunque es cierto que la formación era escasa hasta hace unos pocos años y que la misma ha mejorado sustancialmente en los últimos años y se ha consolidado claramente, también lo es que aún existen lagunas importantes en ciertos aspectos del conocimiento psicológico del deporte y que la formación en psicología del deporte todavía no se encuentra plenamente extendida. Un exponente de ello se encuentra en la formación recibida en las facultades de psicología, formación ésta que es claramente deficiente ya que en muchas de esas facultades la formación se limita a alguna asignatura aislada y con carácter de optatividad –la situación en las Facultades de Educación Física y Deporte, resulta algo mejor, ya que muchas de ellas proporcionan una formación más completa en este ámbito a sus futuros profesionales-. Con este panorama la verdadera formación se situaría en los niveles de la enseñanza de postgrado, sin embargo también detectamos que en la mayoría de los países no existen maestría específicas en Psicología del Deporte y en los lugares en que si se realizan estos cursos, los mismos resultan ser unos pocos en todo el país. Por su parte, en el caso de los Programas de Doctorado, la situación incluso es peor, ya que en Latinoamérica no existe un solo programa específico en este ámbito. La situación de España, es prácticamente la misma, ya que solo existen unos pocos programas en Ciencias del Deporte, con, con contenidos en Psicología del Deporte y solo uno específico (Es el caso del Programa de Doctorado de Comportamiento humano en contextos deportivos de la Universidad de las Palmas de Gran Canaria). Después de todo lo expuesto se puede apreciar que en el ámbito docente el camino por recorrer para alcanzar unos estándares aceptables es aún muy largo. Por esta razón deberíamos hacer un esfuerzo en desarrollar políticas que incidan en la creación de maestrías y programas de doctorado.
En definitiva, hay que seguir en la línea de mejorar la formación de psicólogos del deporte, al tiempo que procurar un acercamiento a los profesionales y personas que potencialmente puedan estar interesadas por nuestra disciplina.