Pablo Arnaldez

Periodista. Miembro del Círculo de Periodistas Deportivos de Buenos Aires y de la Federación Latinoamericana de Periodistas (FELAP).
Ex – deportista de alta competencia, hockey sobre césped en primera división en los Clubes Ciudad de Buenos Aires y Unión del Sur de Mar del Plata

Desde hace ya varios años la Psicología se ha ido expandiendo como ciencia no solamente en el ámbito cerrado del consultorio donde se desarrolla la clínica, sino que también ha buscado nuevos horizontes mediante la aplicación de los principios y conceptos que surgen de los distintos cuerpos teóricos de sus escuelas de pensamiento en distintos ámbitos sociales. Así es como nacen la Psicología Laboral, Educacional, Social, Institucional, de Salud, etc. Y, como no podía ser de otra manera, el Deporte no quedó ajeno a esta nueva realidad.
La Psicología del Deporte es cada vez más utilizada. En algunos casos, al entrenamiento mental se le brinda la misma importancia que al físico y al técnico. Sobre todo en el alto rendimiento, donde hay que trabajar en todos los detalles para minimizar el margen de error del deportista. Pese a ello, el Fútbol sigue siendo el deporte más reticente a la aplicación de la Psicología. Toda una serie de prejuicios sociales impiden que la ciencia se desarrolle de la mejor manera.
Sin embargo, algunos entrenadores ya han trabajado con psicólogos dentro su cuerpo técnico. Ejemplos no sobran, pero tampoco escasean. Por citar algunos, Oscar Washington Tabárez, durante su primera etapa como director técnico de Boca (principios de los 90) trabajó con el psicólogo Oscar Mangione, quien ya ha había formado parte del cuerpo técnico de Carlos Aimar. Mangione ha escrito un libro, “Gabriel Batistuta” de Editorial Sudamericana, contando su experiencia nada menos que con el goleador histórico de la Selección Argentina, que por entonces estaba dando sus primeros pasos importantes en el fútbol. Mangione es amigo personal de Batistuta, y en su libro cuenta la manera en la que se fue consolidando el goleador. El perfil de un crack que se construyó a sí mismo y la ayuda con la que contó en su obstinación por triunfar. Pero no sólo trabajó con Batistuta, sino con todo el plantel.
“Los equipos que no tienen grupo fuerte son siempre circunstanciales”, asegura Mangione cada vez que es consultado sobre el tema.
Un técnico que considera la Psicología fundamental para poder desarrollar su trabajo al frente de un grupo de deportistas es Daniel Córdoba. En su etapa como entrenador de Platense, en el año 98, llamó al psicólogo Darío Mendelshon, quien ya había trabajado anteriormente en el fútbol de ascenso. Mendelshon se propuso implementar un plan de trabajo bien diseñado, con el objetivo de fortalecer mentalmente a sus muchachos. Comenzó con varios test y cuestionarios de dinámica de grupo, siguió con charlas… Pero chocó con los prejuicios que aún hoy siguen vigentes en el fútbol. Y es por eso que no pudo terminar con su trabajo.
José Manuel Chatruc (ex jugador de Platense, luego campeón con Racing y San Lorenzo, hoy en Estudiantes de La Plata), recuerda esa experiencia con Mendelshon. “En esos momentos yo estaba estudiando Psicología en la Universidad de Buenos Aires (NdR: Actualmente no está cursando por incompatibilidad horaria), por lo que me resultó muy interesante la experiencia. Es más, a mí me encantaría en un futuro dedicarme a la Psicología Deportiva, más precisamente en el fútbol. Por ahí el hecho de ser futbolista me ayuda, pero soy totalmente consciente de que en el fútbol argentino hay muchos prejuicios”.
“Creo que a largo plazo el trabajo de Darío (Mendelshon) hubiese funcionado. Pero no pudo desarrollar su plan. Los muchachos del plantel lo cargaban, le decían: “¿Y, qué está haciendo? -No está haciendo nada!” Después me comentaban: “¿Ves?, es un desastre…” Creo que los planteles de fútbol todavía no están preparados para la Psicología”.
“Yo me acercaba mucho a él, y me bancaba que me gritasen en forma de cargada “Ahí van los dos locos, están de la cabeza”. Pero me interesaba lo que nos proponía. Darío antes que nada nos observaba con atención. Analizaba todas nuestras conductas y reacciones. En los cuestionarios de dinámica de grupo había preguntas como “¿Qué necesitás del director técnico?”. O: “¿Con qué integrante del plantel te llevás mejor?”. Está comprobado que si tenés más afinidad con un compañero le vas a pasar más la pelota. Estos estudios ayudan a formar lo que en fútbol se denominan “sociedades”.
Pero aunque haya pocos futbolistas como José Chatruc que se animan a hablar sin prejuicios del tema, off the record muchos jugadores admiten que hacen o han hecho terapias para poder fortalecer su autoestima y confianza y así soportar la gran presión a la que están sometidos. Un ex jugador de Boca y de la Selección Nacional, quien prefirió preservar su nombre, asegura que “la Psicología me cambió la forma de afrontar los problemas del fútbol. Recuerdo que al principio me sentía mal por ir a un psicólogo, por aquello que se dice que va la gente que está loca. Por eso no se lo comenté a ninguno de mis compañeros del plantel. Pero me di cuenta de que no es así. Con el tiempo fui entrando en confianza con mi terapeuta y hasta trabajamos la técnica psicoanalítica freudiana en el Diván. Debo admitir que me fue de gran ayuda, por eso es que de verdad lo recomiendo”.
Un tema a tener en cuenta y que no es para nada un dato menor: la implementación temprana de este trabajo garantiza la consolidación de una base de destrezas psicológicas que facilitarán el logro deportivo. Es importante destacar que el momento menos indicado para comenzar con el trabajo psicológico es después que se haya iniciado la temporada de competición, porque puede resultar un remedio pasajero y raramente eficaz. El mejor momento para empezar el trabajo de entrenamiento mental es en la pretemporada, ya que el deportista está sometido a menos presiones.
El trabajo de entrenamiento mental debe ser dirigido y e implementado por un profesional especializado, es decir un psicólogo formado en Psicología del Deporte, quien debe trabajar en conjunto con el entrenador y el preparador físico, tratando de llevar a cabo una preparación integral del deportista o equipo deportivo.

Personalidad y Deporte

La relación entre personalidad y deporte es sin duda alguna uno de los temas más controvertidos dentro de la Psicología deportiva. Se han realizado numerosos estudios e investigaciones; sin embargo, en la actualidad no existe un criterio uniforme al respecto. Empecemos entonces por intentar definir personalidad.
La personalidad es una construcción científica elaborada por la Psicología con el fin de comprender la manera particular de ser y hacer que es propia de una persona. Está constituida por las características y conductas típicas de un determinado ser humano. Da individualidad a cada persona: caracteriza lo individual que surge a medida que el niño crece, madura y reacciona a los muchos estímulos ambientales. La personalidad es un producto de la interacción del individuo con su medio social.
La noción de personalidad a dado lugar a numerosas definiciones por parte de los más grandes psicólogos. Para R. B. Cattel la personalidad es “lo que permite un pronóstico sobre el comportamiento que adoptará una persona en determinada circunstancia”. Para G. Allport es “la asociación dinámica dentro de un individuo, de todos los sistemas psicofísicos que determinan su comportamiento y sus pensamientos”. A Adler la entiende como “el propio sentido de la vida de un individuo, sus formas características de resolver los problemas y conseguir los objetivos que se ha fijado”. Por su parte, Sigmud Freud la considera como “la integración del Ello, el Yo y el Superyo”. Así como C.G. Jung “la integración del yo, el inconsciente colectivo y personal, los complejos y arquetipos”. Frank Freeman definió a la personalidad como “la individualidad que emerge de la interacción entre un organismo psicobiológico y el mundo en el cual se desarrolla y vive”.
La personalidad se expresa a través de la conducta. Esto es toda manifestación del ser humano, desde los reflejos simples hasta los más complejos procesos mentales y sociales como el desarrollo de un concepto filosófico o el sentimiento de pertenencia a un grupo. Las conductas humanas, que no son simples reacciones ante estímulos aislados sino que tienen una finalidad que no siempre es conocida por el individuo que las realiza, se desarrollan en un entorno material y social, por lo cual personalidad y entorno se influyen mutuamente dando por resultado la aparición de determinada conducta.
Pasemos ahora sí a la relación concreta entre personalidad y deporte. Los principales interrogantes que se plantean se podrían resumir en cuatro preguntas básicas y esenciales. ¿Existen diferencias de personalidad entre aquellas personas que practican deportes y las que no lo hacen? ¿Cambia la forma de ser de alguien como consecuencia de su participación en el deporte? ¿Se manifiestan distintas personalidades entre quienes practican un deporte u otro? ¿Se modifican los perfiles entre los deportistas con éxito y sin éxito?
A pesar de que estos interrogantes siguen siendo temas de discusión permanente entre los profesionales dedicados a la psicología aplicada al deporte (tanto psicólogos como psiquiatras), de sus investigaciones se han podido extraer interesantes conclusiones que nos ayudan a encontrar las respuestas.
Desde el sentido común podría suponerse que los valores promovidos por el deporte influyen sobre quien lo practica modificando su personalidad y que el deporte forma el carácter, pero muchas de las investigaciones no coinciden en lo más mínimo con esto. Tal vez el punto más discutido por los especialistas es si la influencia es positiva o negativa. Una teoría afirma que la participación en el deporte tendrá una influencia favorable en el desarrollo de características tales como el valor, la perseverancia, la energía, la capacidad de aceptar la derrota. Como contrapartida están quienes sostienen que en el deporte se da un efecto “deformador” del individuo, argumentando su influencia negativa pues activa la agresividad, el egoísmo, la envidia, la intolerancia. De todos modos, estas posiciones encontradas mucho tienen que ver con el nivel de competencia deportiva. En general los sostenedores de la hipótesis deformadora se refieren a la alta competencia y al profesionalismo. En tanto que los que hablan de la formación del carácter se refieren a la práctica en un nivel un tanto inferior.
A modo de síntesis, concluimos que la práctica del deporte no modifica la personalidad, generalmente acentúa ciertos rasgos que ya están instalados en el individuo o que se van moldeando en el comienzo de la práctica deportiva. Es en este período (Infancia-adolescencia) en donde ejercen gran influencia los entrenadores que representan figuras de autoridad muy importantes que tienen gran participación en las etapas de formación de la personalidad.
El tercer interrogante planteado también es complejo. Los estudios demuestran que en general las personas con elevados niveles de agresividad se muestran inclinadas a elegir los deportes combativos; los extrovertidos optarán más probablemente por los deportes de equipo y los introvertidos por los individuales. Esta hipótesis está muy avalada por las estadísticas. Pero hay que tener en cuenta que en las generalizaciones la variabilidad puede ser tan grande que resultaría insensato hablar de una personalidad determinada para un deporte concreto.
Por último, ha quedado demostrado que sí hay diferencias entre deportistas con y sin éxito. Y el perfil de los primeros no difiere del de aquellos exitosos en otros ámbitos o actividades. Tanto el compromiso como el autocontrol fueron definidos como aspectos psicológicos clave. Rasgos tales como la perseverancia, valentía, dedicación, esfuerzo, tolerancia al dolor, etc., fueron encontrados en la mayoría de los perfiles de personalidad de deportistas destacados.

Motivación en el deporte

Con mucha frecuencia se suele escuchar que un deportista o un grupo de ellos no rindió en base a las expectativas que había generado debido a que le faltó motivación para encarar su performance. Frases como “al jugador le falta motivación” o “el plantel no está motivado” son muy comunes para explicar las razones del bajón sufrido por los deportistas. Aún en los deportes como en el fútbol, en donde impera el rechazo a la Psicología Aplicada al Deporte. Psicólogos y psiquiatras especializados en el tema coinciden en que el rendimiento del deportista depende en gran parte del grado de motivación de éste, pero también de los recursos apropiados para lograr un mayor atractivo que irá reforzando la motivación original. Pero, ¿qué es realmente la motivación?
La motivación es el motor de la conducta, su puesta en marcha. La motivación es necesaria en toda actividad psíquica, supone la existencia de una necesidad no satisfecha y es vivida como una inquietud o tensión que sólo desaparece cuando se alcanza el objeto deseado, ya sea real o ideal. La motivación de una conducta puede deberse a impulsos y necesidades de la persona, como así también a los incentivos provenientes del mundo exterior. Las distintas escuelas psicológicas han elaborado teorías sobre la motivación de la conducta. Algunas afirman que existen motivos básicos comunes para todas las personas y que ellos actúan desde el comienzo de la vida misma. Otras afirman que las motivaciones de cada uno dependen de factores individuales y su relación con las circunstancias que se van sucediendo.
Bleger asegura que el estudio de la motivación de la conducta es el estudio del porqué. Asevera que todos los fenómenos psicológicos están determinados por causas, y que una de las características de la Psicología moderna a partir del aporte de Freud es el de estudiar las causas y motivos que guían la conducta humana. Según Littman “la motivación se refiere al proceso o condición que puede ser fisiológico o psicológico, innato o adquirido, interno o externo al organismo, el cual determina o describe porqué, o respecto a qué, se inicia, se selecciona o finaliza; éste fenómeno se refiere al estado por el cual determinada conducta frecuentemente se logra o se desea: también se refiere al hecho de que un individuo aprenderá, recordará u olvidará cierto material de acuerdo con la importancia y el significado que el sujeto le dé a la situación”.
En el deporte, podemos tomar como referencia válida que existen dos tipos de motivación: una externa y otra interna. La primera tendrá que ver con el reconocimiento a través del público, del premio (puede ser dinero en el caso de los deportistas profesionales), la fama, etc. La segunda responde a expectativas propias que todo ser humano acarrea. Objetivos, metas, deseo de éxito, posibilidad de disfrute del deporte aún en competencia, etc.
La motivación debe analizarse también como una de las habilidades psicológicas que
se requieren para convertirse en un deportista efectivo. Es clave en cualquier actividad humana, y en los ámbitos deportivos, el rendimiento y los buenos resultados tienen mucho que ver con el nivel de motivación que tienen las personas. La motivación explica la energía con la que hacemos algo, la persistencia en la actividad, y la dirección que toma nuestra conducta.
El Licenciado Darío Mendelsohn, especialista en Psicología Deportiva y defensor a ultranza de la aplicación de esta disciplina científica en el deporte, explica que “si bien es cierto que un deportista debe partir de una motivación básica, no es menos cierto que dichos deportistas pueden padecer diferentes problemas que afecten temporariamente su motivación”. Éstos son algunos de los problemas que afectan la motivación de un deportista:
a) Sub Motivación: En determinadas situaciones de entrenamiento y competencia los deportistas muestran una motivación disminuida, que repercute en su performance. Por ejemplo en las fases de entrenamiento intenso y monótono como en la pretemporada, en competencias sin demasiada importancia, o también después de repetidos fracasos.
b) Sobre Motivación: Se suele expresar como deseo exagerado de rendimiento, euforia y ambición de triunfos. La sobre motivación aparece generalmente antes de competencias que son sumamente importantes y en las que se generan grandes expectativas.
c) Variaciones de la Motivación: Algunos deportistas están sujetos en determinadas situaciones de entrenamiento y competencia a cambios de la motivación. Esto significa que su motivación en el entrenamiento y la competencia es inestable y está influida notoriamente por factores internos y externos.
d) Fijación de Motivos: Cuando los deportistas están obsesionados en un motivo único: el de su rendimiento personal, los otros motivos no son bien desarrollados o juegan un rol mucho menos importante.
e) Motivación Negativa: La motivación negativa puede manifestarse entre otras formas como miedo ante el éxito y el fracaso. Miedo de fallar, miedo ante determinadas competencias, a los contrarios, y a las lesiones.
f) Fijación de Metas Irreales: Esto puede ocurrir cuando las personas que rodean al deportista han depositado demasiadas expectativas en él, las que no pueden ser cumplidas. También sucede cuando los deportistas esperan demasiado de sí mismos y se fijan metas muy elevadas. En estos casos van en dirección al fracaso.
g) Motivación Externa: Hay deportistas que dependen en demasía de los factores de motivación externa, necesitan del reconocimiento de otras personas para mantener su motivación. Como están motivados desde el exterior no se encuentran en la posición de motivarse a sí mismos cuando las cosas no salen bien, como tampoco de
h) Atribuciones de causas: Muy seguido los deportistas hacen una atribución parcial e indiferenciada de causas para el éxito y el fracaso. Algunos deportistas tienden a atribuirse todo a sí mismos (atribución causal interna de motivos), otros rechazan cualquier atribución hacia ellos, y atribuyen el fracaso a factores externos. Por ejemplo: si se triunfa es por él, si se pierde es por el técnico que no sabe nada.
En el deporte todo es entrenable, excepto la competencia, por lo que el tema de la motivación debe ser abordado por un psicólogo deportivo. La motivación se va modificando cotidianamente, por lo que el trabajo del especialista tiene que ser permanente.