Lic. Claudio Ojeda

Un colega dedicado a la psicología del deporte, hace unos años, dijo en un reportaje que quien se ocupe del deportista profesional debería ser un psicólogo del trabajo. La relectura de aquella frase que dividía aguas taxativamente entre la Psicología del Deporte para el amateurismo y la Psicología del Trabajo para el deporte profesional me ha llevado a repensar las peculiaridades del deporte profesional como actividad humana.

Cobrar o Pagar

No es ningún baldón para nadie aceptar su pobreza, pues lo realmente vergonzoso es no tratar de salir de ella en la medida de lo posible.
Desde mediados de los ’80 hasta la fecha, por lo menos en nuestro país, se profundiza una diferenciación en uno de los aspectos económicos de las actividades institucionales. En el funcionamiento de las instituciones y las actividades que las mismas realizan. Si estas actividades pueden ser incluidas dentro de esa gran bolsa llamada “servicios” la diferenciación a la que nos referiremos es mayor.
Se trata del par de contraste y complementariedad RENTABLE / ONEROSO.
La línea límite entre lo oneroso y lo rentable es cada vez más delgada e ínfima. Las actividades deportivas y la actividad física están incluidas en esta diferenciación. Casi sin opción, lo que es rentable es oneroso. De una manera más práctica, desde la perspectiva de las instituciones lo que no brinda dinero implica que estamos pagando por ello. Y esta no es una perspectiva caprichosa o “perversa”, es una descripción de las opciones que en una organización se deben tomar para que la misma sobreviva. Claro que quienes deciden en una institución que brinda servicios a la sociedad, si se trata de entretenimientos, actividad física, prácticas deportivas, pueden plantearse que el balance entre lo oneroso y lo rentable se compense. O mejor, que lo rentable cubra los gastos de lo oneroso. Así las instituciones civiles que sostienen el deporte desde las pequeñas Sociedades de Fomento hasta los Grandes Clubes, pasando por todas las gamas de escuelas y escuelitas, son sede también de actividades que son para sus protagonistas, los deportistas, entrenadores, profes, rentables u onerosas.
Así la actividad deportiva gratuita o casi gratuita se va transformando en una “especie en extinción”, relegadas a algunos parques abiertos en la ciudad, algunas pocas iniciativas gubernamentales (paga el Estado) y a muy pocos (¡MUY POCOS!) espacios abiertos en áreas suburbanas y siempre como actividad recreativa.
Claro que quedan algunos espacios urbanos o suburbanos que pueden ser aprovechados para el uso lúdico por parte de los niños. Pero estos espacios de juegos para niños también van cediendo ante el avance del par ONEROSO / RENTABLE.
Y, en la medida en que los niños crecen y/o quieren desarrollar los gestos y las técnicas que componen un deporte determinado, entonces no hay opción, o pagar, o recibir dinero. Claro, que la mayoría de las veces se trata de pagar.
Es en este contexto en que hoy hablamos y hacemos psicología del deporte.

Cobrar por Jugar, Cobrar por Trabajar

¿Juego?… Es despliegue corporal, tener la satisfacción de una maravillosa coordinación motora, sincronización, habilidades, conocimientos de las reglas y muy especialmente de cómo llegar al borde mismo de ellas sin que puedan decir que las quebraste, es placer por alcanzar… ganar. ¡Y cobrar por eso!.
Cansancio, velocidad, euforia, triunfo, derrota, resultados… sufrimiento… placer.
Estamos hablando de deporte. O de casi todos los deportes… ¿Qué es lo que tienen en común? Todos son actividades competitivas que requieren de habilidades cognitivo motrices, de la incorporación de reglas para su despliegue y la necesidad casi exclusiva de uno o más adversarios. Por supuesto que casi cualquier adulto (mucho más, cualquier joven adulto) puede adquirir los rudimentos para la práctica deportiva. De hecho miles de voleybolistas de verano la emprenden con la pelota tratando de hacerla saltar la red y que caiga en el suelo (de arena) del equipo contrario. Se divierten, conocen gente, pasan el tiempo, juegan…
Pero… para alcanzar maestría en un deporte, para llegar a la destreza que permita “competir en serio” no alcanzan los rudimentos de la práctica incorporados tardíamente. Todo lo contrario… se necesita de una iniciación temprana en los deportes y, muy especialmente, en el deporte elegido.
Cualquier futbolista profesional en nuestro país puede haber hecho de muy pequeño cualquier otro deporte y actividades físicas, pero su inicio en el fútbol seguro que fue temprano; no hay futbolistas profesionales que hayan comenzado a jugar al fútbol a los 17 años. Todos ellos ya jugaban al fútbol cuando comenzó su adolescencia y la inmensa mayoría ya corría una pelota cuando entró al primer grado.
Lo mismo puede afirmarse de profesionales de cualquier otro deporte.
Esta es la primera y principal diferencia entre el deporte profesional y cualquier otro trabajo.
El deportista profesional continúa como adulto con una actividad que inició en la infancia. El trabajo del deportista profesional se basa en habilidades adquiridas en el medio de los juegos; ya sea intercalada, incluida o excluyendo los juegos infantiles. Contiene, en el gesto deportivo, una historia que nace mezclada con el placer del juego infantil y con las intensas emociones que se despliegan en las competencias entre niños.
Esta es su principal fortaleza y su más expuesta debilidad. La historia del deportista profesional está íntimamente ligada a todos los componentes del deporte de que se trate, desde el más simple despliegue motriz hasta la sub cultura que rodea y sostiene a ese deporte, con todos sus reglamentos escritos, códigos no escritos y secretos compartidos. El deporte es parte indisoluble de su identidad personal.
Así quien a los veinte años es tensita profesional, ya era tensita a los doce o a los diez años, a los siete o tal vez antes. Y lo mismo podemos decir con respecto a los basquetbolistas, futbolistas, e incluso golfistas.
Decía que este desarrollo como deportista, o este desarrollo signado por la competencia deportiva es por un lado fortaleza. Y esto incluye primero a la potencial fortaleza laboral. Trabajan en lo que saben desde pequeños y son una minoría dentro del conjunto de la población. Así, tienen ciclos de rendimiento, e incluso pueden ser intercambiados entre sí de acuerdo (entre otras cosas) a estos ciclos de rendimiento. Esta fortaleza es como en cualquier otra área laboral, relativa tanto al rendimiento como al posicionamiento y exposición profesional (al reconocimiento de sus habilidades) y al posicionamiento de su deporte en el sub mercado específico. Así hay deportistas de ocupación full time y de altos honorarios y los hay part time cuya retribución está por debajo de un salario promedio. Pero esto ocurre, reitero, dentro de un grupo social minoritario. El grupo de aquellos que tienen la habilidad deportiva necesaria para poder hacer del deporte un trabajo.
En realidad la operativa posible y la oferta de la psicología del deporte (psicología del deporte, o psicología aplicada al deporte o, mejor, psicología del deporte / trabajo o aplicada al trabajo / deporte) es múltiple y debe estar orientada a fortalecer el rendimiento deportivo teniendo en cuenta que este rendimiento es trabajo y que este trabajo (como todos pero más literalmente) debe obtener resultados para poder seguir siendo trabajo. Y, por lo tanto, valga la redundancia la psicología debe producir resultados que produzcan resultados (aunque como dice Ucha no podemos garantizar el éxito pero sí el bienestar psicológico de los deportistas). Pero con la absoluta aceptación que los resultados finales no deben tener al psicólogo como partícipe expuesto. En definitiva los resultados son de los deportistas primero, del entrenador o DT después, de los directivos luego, de los simpatizantes después, y por último del resto del equipo técnico. Si usted, psicólogo, está ahí, ahora sí, ¡Felicitaciones!.
Mejor que piense en este lugar, porque es el único posible y el único en donde puede hoy ser incluido con un reconocimiento de utilidad. El bajo perfil es en el deporte como en la empresa un valor respetado en los psicólogos.
Pero nos desviamos un poco de nuestro tema principal. En el par ONEROSO / RENTABLE el deportista paga por practicar deporte o recibe pago por ello. Si se recibe pago por eso se transforma en un trabajo con las características formales de cualquier trabajo incluyendo salario u honorario.
Podemos repetir lo que dijimos arriba, esto incluye tanto a los más reconocidos y famosos deportistas como aquellos cuya ocupación es parcial (part time) y su salario tan reducido como el de un trabajador “no – deportista”.

La cabeza del General

Desde la elevación más cercana al General dirigía la batalla; solo podía pensar en ello, en los soldados como lo que eran, soldados. Pensar en cada uno de ellos como hombres de familia, hijos, mujer, le hubiera impedido enviarlos a una batalla donde se encontrarían cara a cara con la muerte; cada batalla es así. Y también le recordaría a cada momento que su propia vida, su humano honor y orgullo, su razón de existir se jugaba en cada batalla. Era su obligación obtener la victoria y mantener su ejército. Si no podía obtener eso ya no sería General; dejar de ser General era dejar de ser.
El deporte como trabajo excede a los deportistas, incluye a un equipo que está detrás de cada team, de cada competidor, y la cabeza de ese equipo es el entrenador, director técnico, coach. En casi todos los casos es también alguien que creció haciendo deporte que se incluyó en el deporte y que esa inclusión derivó en esta opción. Si hablamos de trabajo… y si hablamos de deporte, no podemos incluir este rol, este personaje. Y hablo de rol y de personaje a construir en cada momento y ocasión. Es, tal vez, el protagonista más solitario de la competencia deportiva. Es El General que encontrará la deshonra en la derrota y, generalmente, solo la continuidad en su rol con el triunfo. Claro que la continuidad en el rol significa la continuidad laboral.
Encarnar el rol del entrenador es estar dispuesto a soportar, invulnerable, toda la ambigüedad emotiva de los otros que componen el espectáculo deportivo. Semidiós, ogro, genio, boludo, la fluctuación de emociones hacia su personaje no tiene límites. Y detrás del personaje hay una persona, ni más ni menos.
El entrenador solo se expresa en función de su rol. Dentro y fuera del campo de juego. Su lugar es de dirección y por la tanto no requiere pedir ayuda sino ordenar colaboración.
Cualquiera puede decir que esta descripción exagera algunos rasgos del rol del coach, pero solo se exagera lo que existe.
La persona que encarna un rol puede sufrir la “inflación” del mismo, dejar de jugarlo para ser jugado por él. Cuanto más debilidad sienta frente a otros mayor será la inflación del rol. Por lo general las personas que con mayor seguridad encarnan roles de dirección pueden utilizar los atributos del rol para enriquecerlo con los haceres o saberes de otros que ocupan roles subordinados, así enriquecen la tarea común. Algo de esto ocurriría en el deporte (aclaro que uso potencial porque, realmente, estoy planteando una hipótesis más que una certeza).
Para el psicólogo hay una posibilidad de abordar la relación entre la persona y el rol en el caso de los entrenadores. Y como en el caso de los gerentes en otras organizaciones pueden utilizarse dispositivos grupales que involucren a pares o espacios individuales de consultoría pero el profesional a cargo (como en una empresa) debe ser externo al equipo encabezado por el DT.
El deporte como trabajo también incluye estas problemáticas hoy vinculadas al “management”. Seguimos hablando de Psicología del Deporte como Trabajo. Y podemos hablar más de cómo aplicar la psicología al deporte convertido en trabajo. También podemos hablar de nuestro trabajo, la psicología como trabajo.

Trabajar de Psicólogo Profesional en Deportes

Así es que empezamos hablando de dos términos. 1) La Psicología y 2) el Deporte como Trabajo y terminamos hablando de uno la Psicología del Deporte como Trabajo.
Propongo que la principal diferencia en el desempeño profesional está en la defensa del hacer profesional.
El deporte como trabajo está indicando que los saberes y haceres que utilizaríamos en una empresa están incluidos, indisolublemente ya, en el propio deporte.
Y en términos de empresa no hay actividades gratuitas. Se cobra o se paga. Quienes compran o adquieren un servicio o producto pagan por ello. Quienes producen o agregan valor a un servicio o producto cobran.
En empresas no hay profesionales haciendo voluntariado. En deporte tampoco, solo que debemos desarrollar mucho más nuestra capacidad para mostrar la posibilidad de contribuir al aumento sostenible de la competitividad en deporte.
Deportistas, entrenadores, miembros del equipo técnico, con ellos o para ellos podemos construir dispositivos que apoyen su hacer, su trabajo. Ese es nuestro trabajo en deporte. Queda plantearnos la relación entre Psicología del Deporte y Psicología del Trabajo. ¿Queda pendiente?