Lic. Clara Rubín

Vemos con mucha frecuencia, como las manifestaciones de agresividad en las prácticas deportivas, aun en las amateur, se hacen cada vez más frecuentes, intensas e incomprensibles.
¿Qué les pasa a nuestros jóvenes? ¿Qué situaciones los afectan tanto como para desencadenar semejantes explosiones de agresividad ante un juego que se supone es para divertirse, “descargar” tensiones, juntarse con los amigos…..?
Podemos arriesgar algunas hipótesis; por ejemplo, la carga emocional (acumulada a lo largo del día) con que llegan a jugar, las expectativas que traen respecto a su posible rendimiento, el tipo de compensación que esperan, que significado le dan a perder o ganar, etc.
Lo que usualmente observamos azorados, es que una situación de juego se puede transformar en un segundo en un campo de batalla, en donde la confusión y la pérdida de sentido acaparan la situación. Esto sucede cuando al deporte se le cargan situaciones que poco, o nada, tienen que ver con su práctica pero que, de todos modos, la afectan.
Pocas actividades requieren una participación total del EGO (del yo, de la persona actuante) como el deporte, tal vez porque en él una fuerza muy fuerte e irracional (en cuanto no es pensada) como la agresividad, desempeña un papel dominante y será un función de los mecanismos de regulación y de control que la persona pueda ejercer sobre ella, para que ésta quede al servicio del logro deportivo o quede la persona expuesta ante su propia vulnerabilidad.
El descontrol emocional, responde a una necesidad de descarga de tensión acumulada que, quizás, no pudo ser liberada en el momento y en el lugar en que se suscitó, y que dada su intensidad por el tipo de sentimientos que condensa (frustración, temores, desvalorización, etc.) se puede tornar intolerable “adentro de la cabeza” y buscará ser descargada donde y como pueda.
El deporte se torna un escenario que brinda la posibilidad de poner “en juego”, la necesidad de compensación y restitución de aquellos aspectos de la persona que se vieron amenazados y que tras la descarga, logran liberarse. Sin duda que esto hace referencia a una situación poco feliz y lejos de ser saludable, pero describe muchos de los hechos que presenciamos frecuentemente.
Creo que esto nos lleva a pensar acerca de qué situaciones, que circunstancias, están afectando tanto a los jóvenes?. A veces, mas allá de las particularidades que acontecen en la vida de cada persona y que inciden en todo su accionar, el deporte se puebla de premisas, muchas veces distorsionadas, respecto a los objetivos específicamente deportivos, como por ejemplo: las expectativas muy altas para las posibilidades de un equipo o de un jugador, las proyecciones de rendimiento y logro de algunos entrenadores y padres, la autovaloración puesta en el logro deportivo, etc. .
Podrían así enumerarse muchas razones más, pero creo que estas son suficientes como para empezar a pensar acerca de estos fenómenos .
El comportamiento humano, hasta el más aparentemente irracional, tiene un sentido que lo promueve; quizás se trate de animarnos a transitar el desafío que significa buscar nuestro propio sentido.