Lic. Carlos Giesenow

La intención de este trabajo consiste en presentar una herramienta útil para optimizar la evaluación de la actuación de un/a jugador/a de hóckey sobre césped durante las competencias. El propósito es brindar una lectura psicológica de las acciones que se desarrollan para luego compartir la información con el/la deportista y el cuerpo técnico, siempre buscando mejorar el rendimiento del jugador y del equipo.

La importancia del seguimiento en competencia radica en que es en ese escenario donde efectivamente se va a poder apreciar si el trabajo, el esfuerzo y el sacrificio que se ha realizado en los entrenamientos realmente se ve allí plasmado. Sobrados ejemplos existen de deportistas que no rinden en los partidos como en los entrenamientos.
Asimismo, se hace necesario realizar un seguimiento individual y pormenorizado de los jugadores*, muchas veces sucede que acciones que resultan llamativas (por ejemplo, un error grave) aparecen en el recuerdo de los entrenadores como más frecuentes de lo que realmente fueron y se descalifica una performance quizás buena en lo general por uno o dos errores. Recuerdo que hace muy poco un entrenador me comentó que viendo el video de un partido se dio cuenta que algo que a él le había parecido un problema muy importante de su equipo en realidad solo había ocurrido una vez y no había traído consecuencias negativas relevantes.
Por ello es que una planilla de seguimiento puede ser una herramienta útil para realizar una evaluación más equilibrada y objetiva del rendimiento de los deportistas. Tomando como base una planilla propuesta por Roffé (1999) para el fútbol se adaptó para el hóckey sobre césped. La mayoría de los entrenadores y entendidos en el tema aceptan, o espontáneamente expresan, que estos dos deportes son tácticamente muy similares.
El aporte que brinda el Psicólogo del deporte es siempre desde los aspectos mentales que influyen en el rendimiento, en esto se debe ser muy cuidadoso al evaluar la información que brinda la planilla. No es su área de competencia opinar sobre la técnica o el planteo táctico realizado aunque sí es importante que tenga ciertos conocimientos sobre el tema y que sepa el reglamento. La lectura e interpretación de los datos debe realizarse con la intención de inferir las cuestiones psicológicas en juego.

Componente cuantitativo del seguimiento

Las categorías que se consideraron relevantes para evaluar fueron las siguientes (se agregan sugerencias y ejemplos para la interpretación de los datos):

  • pelotas jugadas: se cuenta cada vez que el jugador entra en contacto con la bocha, se considera que un pase dado a un compañero está bien y un pase que termina en posesión del rival es un error. Sin embargo, aquí es muy importante interpretar la jugada, por ejemplo, una pelota mandada por un defensor por la línea de fondo puede considerarse bien jugada si era la mejor opción con que se contaba en ese momento debido a la presión del rival. A partir de contar las veces que entra el jugador en contacto con la bocha se pueden evaluar la entrega, predisposición y participación que tuvo en el partido, siempre teniendo en cuenta la posición en el campo que ocupa el jugador. A partir de la tasa de pases realizados bien y mal se puede suponer la tendencia a arriesgar que cada deportista posee y la habilidad (podríamos llamarlo también inteligencia -aunque habría que definir de que tipo-) para elegir la mejor opción de las que se presentan (se puede inferir información sobre estilos atencionales). Obviamente, se debe considerar también el nivel del jugador (no es lo mismo el nivel de exigencia de un jugador de Selección Nacional que uno de categorías formativas), el estado del campo (no es lo mismo la carpeta de sintético que el césped natural) y el lugar en la cancha por donde el jugador transita con mayor frecuencia (no es lo mismo hacer un pase en las propias 25 yardas con el equipo rival en defensa que hacerlo dentro del área rival).

Esta categoría se puede subdividir en pases largos (más de 20 yardas) y cortos.

  • Anticipos e intercepciones: aquí se puede evaluar la concentración y la velocidad que el jugador posee para leer una jugada y actuar en consecuencia (velocidad de reacción).
  • Pelotas recuperadas (quites): una pelota recuperada puede terminar luego en un pase bien o mal dado (se computan las dos acciones por separado). Aquí se puede evaluar la capacidad de lucha del jugador para marcar y recuperar, siempre existe un grado necesario de agresividad para el juego.
  • Comunicación (tanto verbal como gestual): se intenta analizar si la comunicación con sus compañeros es fluida. Aquí es muy importante evaluar también si el modo es adecuado (no solo lo que dice sino cómo lo dice). Al ser el hóckey un deporte de conjunto es clave que la comunicación sea lo más clara y libre de interferencias posible. Se puede analizar si el jugador pide la pelota, si se “esconde”, si apoya y alienta a sus compañeros cuando cometen errores o los felicita en los aciertos. También resulta interesante analizar la comunicación con los árbitros y el entrenador.
  • Bochas paradas: muchas veces un pase mal parado (sea en el córner corto o durante el juego) es señal de una concentración inadecuada, siempre presuponiendo que el jugador posee la técnica necesaria para realizar la acción motriz correctamente. Para analizar esta información es necesario tener en cuenta las mismas consideraciones señaladas respecto de las pelotas jugadas.
  • Fouls y tarjetas: En particular las infracciones realizadas pueden ser un indicador de agresividad y de la capacidad para controlar los impulsos. También se pueden analizar las reacciones ante los fouls recibidos (señales de fastidio, recriminaciones a los jueces, protestas, etc.).

Otras acciones que se pueden evaluar son tiros al arco, jugadas individuales, proyecciones al campo rival (serían indicadores principalmente de decisión y autoconfianza).

Debido a la modalidad de las sustituciones de jugadores en el hóckey (sin límites) también es importante ver si un jugador que ingresa tiene capacidad para “meterse” en el partido y entrar en ritmo rápidamente. Es por esto que para facilitar la evaluación se divide la planilla en intervalos de tiempo (por ejemplo, de cinco minutos).

La utilización de la planilla que se presenta es sencilla, simplemente se coloca un palito (como se estila en algunos juegos de cartas) cada vez que el jugador evaluado realiza una acción que entre dentro de la categoría y el intervalo de tiempo correspondiente.

El caso del arquero es particular y merece un tipo de observación especial (no es el propósito de este trabajo extenderse en ello).

Componente cualitativo del seguimiento

Como señala Buceta (1996), a veces el análisis de la “fría estadística” no es suficiente para realizar una evaluación equilibrada de una performance. Es indispensable, por lo tanto, realizar también un análisis cualitativo, esto se puede llevar a cabo guardando un lugar en la planilla para tomar nota de observaciones generales. Si bien los números brindan una información objetiva indiscutible es necesario tomar en cuenta impresiones subjetivas como pueden ser postura corporal, expresiones, gestos, etc., difíciles de registrar numéricamente. Muchas veces hay hechos que escapan a la cuantificación y se puede desdibujar la impresión general de una performance en un mar de numeritos. Por ejemplo, se puede evaluar el compromiso que un delantero tiene con la marca o con presionar la salida de la defensa rival, muchas veces es difícil apreciar estadísticamente su esfuerzo pero se ven sus efectos cuando fuerza errores (malas entregas) y se recupera la bocha en otro sector del campo.
Es importante aquí analizar los datos numéricos en relación a momentos claves del encuentro (principio y final de cada tiempo, reacción ante un gol a favor o un gol en contra, reacción después de una sanción) y el lugar del campo donde se realizan las acciones. Allí se puede ver el manejo de la presión en momentos importantes y la reacción ante situaciones de juego adversas. También se puede observar como el jugador asimila los mensajes (las indicaciones) que le llegan desde el banco de suplentes.
Aquí se agrega otro factor importante: en la medida en que sea posible y teniendo en cuenta la intención de que el psicólogo del deporte sea un integrante más del cuerpo técnico, es necesario hablar con el entrenador para conocer cual es la función que se le pide que realice al jugador evaluado y tener en cuenta que puede cumplir diferentes funciones en diferentes momentos del partido. Aquí se intenta evaluar el grado de comprensión de la tarea y de compromiso con el equipo que el jugador posee. También se puede evaluar si la comunicación entrenador-jugador es buena.

El informe

Todo este trabajo de seguimiento carece de sentido si no se llega a una conclusión con la información y se brinda de un modo atractivo y comprensible. Repetimos aquí la importancia y especificidad de la lectura que se haga de los datos. No es la intención hacer de “policía” o de alcahuete del entrenador contándole todos los errores que pudo haber cometido el deportista. La intención siempre es constructiva, aquí hay que tomar especial recaudo en la información que se presenta y las inferencias que se realizan. Siempre hay que recordar que a partir de la interpretación de la observación trabajamos a nivel de inferencias, no sobre verdades absolutas. Por ello, es muy importante hablar con el jugador (en presencia o no del técnico pero siempre con el consentimiento de éste) sobre el seguimiento realizado porque es quien más se va a enriquecer con este aporte y para que no se sienta víctima de alguna especie de persecución. Intercambiando información con el deportista se puede comprender mejor su actuación y se puede intentar descubrir que hay “detrás” de sus conductas para luego poder modificarlas en el caso que se considere necesario, por ejemplo, un error de concentración puede deberse a diferentes factores como ansiedad elevada, fatiga, influencia de distractores (internos o externos), etc., el abordaje en cada situación será distinto.
Para el entrenador el informe resulta de interés para lograr una evaluación precisa de la actuación de sus jugadores, además le sirve para ver en que grado su mensaje es entendido por el jugador y si hace falta trabajar sobre la comunicación (recepción y envío de mensajes).
También es importante tener en cuenta si se presenta un informe escrito o un informe oral (tienen diferente peso) y ante quien se presenta (se sugiere uno para el entrenador y otro para el jugador).

Conclusión

En definitiva, esta herramienta no pretende ser una guía definitiva sino un simple aporte más que la Psicología del Deporte puede realizar a la preparación de los deportistas siempre dentro del marco de un enfoque interdisciplinario. Por supuesto que la invitación queda hecha para que cada uno la desarrolle y la adapte de acuerdo con su estilo personal y necesidades.

* Una aclaración: aunque en el desarrollo del artículo se hable, para simplificar, siempre en masculino (“el jugador”) las mismas consideraciones son aplicables en el caso de jugadoras de sexo femenino que, como se sabe, son amplia mayoría en nuestro país. Lo mismo vale para los entrenadores.

Bibliografia

Buceta, J. M. (1996). Psicología y Lesiones Deportivas: Prevención y Recuperación. Madrid: Dykinson.
Roffé, M. (1999). Psicología del jugador de fútbol. Bs. As.: Lugar.