Alejandro Sosa

Sábado 30 de Abril del 2005.
El producto desafortunado que combina un video casero, la intimidad de un plantel profesional de fútbol y algunas ironías seguidas por comentarios jocosos, volvieron a elevar el permanente manto de duda sobre la legitimidad o no en la utilización de ciertas sustancias en el Fútbol. El recientemente difundido video de Fabio Cannavaro (Italia) recibiendo una aplicación de Neotón (fosfo creatina), el ejercicio profesional del médico del plantel y la desafortunada presencia de Juan Sebastián Verón (Argentina), son los blancos visibles y hacia donde se dirigen la mayoría de los dardos que enarbolan la bandera del “Fer Play”… y “la moral” se transforma en el discurso más a mano, el que permite caer en el lugar más común: en el que todos tenemos derecho a censurar, juzgar y criticar. Pretendo ir un paso más allá de los lugares comunes, de lo permitido y lo no permitido, de lo bueno y lo malo, de los
nombres y los equipos.
Cuando en deporte se habla de doping no necesariamente se está hablando de un listado de sustancias prohibidas y permitidas, el listado es el lugar donde se refugian los que tienen una conciencia sucia o los ignorantes. Cuando hablamos de doping estamos hablando de la espiritualidad y esencia de la práctica deportiva y sus actores principales: Los Deportistas.
De acuerdo con el Comité Olímpico Internacional (COI), el doping es la administración o uso por parte de un atleta de cualquier sustancia ajena al organismo, o cualquier sustancia fisiológica tomada en cantidad anormal o por una vía anormal, con la sola intención de aumentar, de un modo artificial y deshonesto, su actuación en la competición; antes, durante o después de la competencia misma. Cuando se requiere tratamiento médico con alguna sustancia que pueda aumentar el rendimiento del atleta, también es considerado doping. El deportista recurre a los
medicamentos para estimularse o sedarse, aumentar o disminuir su peso, aumentar su masa muscular y su fuerza, su capacidad cardiaca, concentración, calmar la fatiga, incluso la provocada por el entrenamiento. Para implementar este concepto, se ha publicado un listado de sustancias prohibidas y se han desarrollado diferentes procesos tendientes a efectivizar el control antidoping en las competencias deportivas.
Pero la espiritualidad y esencia del deporte anteriormente mencionada se refiere fundamentalmente a que la acción del doping atenta contra todos los principios, fundamentos y ética de la práctica deportiva. El pasado 1º de enero del 2005, la Agencia Mundial Antidoping se pronunció prohibiendo todas las prácticas médicas que no sean estrictamente necesarias, según esta última disposición, el COI, hoy en día probablemente sancionaría a Fabio Cannavaro por practicar el Doping. Entonces, ¿cómo es la cosa?, en 1999 no y en el 2005 sí. Encontrar la respuesta a esta pregunta parecería volver a caer en el lugar común de pensar que el doping existe según lo dispuesto y lo no dispuesto. Cuando en el video F. Cannavaro dice “Esta es la prueba de que hacemos trampa”, evidentemente no hace referencia a si el Neotón está prohibido o no, fuese un comentario hecho en broma o en serio, expresa un sentimiento.
Se podría pensar que este sentimiento es acompañado por la conciencia, en el deportista, que la conducta no es la correcta (más allá de las disposiciones). Nadie mejor que un deportista puede entender la esencia del deporte limpio, sin sustancias que enturbien lo que los aficionados y fanáticos se sientan a disfrutar, padecer o gozar: una competencia deportiva. El derecho del público a presenciar una competencia limpia y correcta, en la “que gane el mejor”, es ultrajado con el doping.
Más allá del Neotón o cualquier sustancia, prohibida o no, produzca trastornos en la salud a corto, mediano o largo plazo; más allá del resultado, del video público o privado, está el deportista, y detrás de él su persona. Siendo siempre la principal damnificada, por las verdades o las injurias.
Se puede pensar que Fabio Cannavaro y Juan Sebastián Verón, en este caso, son víctimas infortuitas de un sector del periodismo, el voraz y destructor, al que no le importa el bienestar físico y emocional del atleta y que hace masivo un engañoso mensaje que parecería gritar a los cuatro vientos “miren todos como fuimos engañados y estafados”. Probablemente los perseguidores de las respuestas fáciles son quienes se queden leyendo tan solo este mensaje. Pasará el tiempo y todos recordarán “el video en el que estaban Cannavaro y Verón”, pero seguramente nadie recordará el nombre del médico, el responsable desde su práctica profesional de consentir o no un tratamiento.
El fenómeno del doping en el fútbol, cuando la velocidad en el juego es cada vez mayor, más efectiva; cuando el tiempo que transcurre entre partido y partido es cada vez menos; cuando el tiempo para la recuperación y activación física también es escaso; podría permitir abrir el diálogo en función de quiénes, o qué (el dinero, por ejemplo), disponen las verdaderas reglas del juego más allá del “Reglamento del Fútbol” sin detenerse a pensar en el bienestar de los principales implicados, los deportistas.
Me gustaría finalizar recordando al ex jugador de fútbol Adriano Lombardi (Italia), ex jugador del Avellino e Inter en la década del 70′, quien reconociera en el 2004 haber tomado sustancias para mejorar su rendimiento deportivo, entre otros medicamentos uno conocido como “Cortex” (un extracto de corteza suprarrenal de origen animal), que en su momento era ocultamente administrado para acelerar el proceso de la recuperación física y retrasar la aparición del cansancio. Consecuencia del doping efectuado es que padece el “mal de Gehrig”, una esclerosis lateral amiotrófica (ELA). En un reportaje realizado por Joaquín Maroto, publicado en la página de www.as.com el 03/04/2004, al ser preguntado por el periodista “¿Qué consejo le daría a los jóvenes jugadores para que salgan del mal camino del doping y aprendan de su experiencia?”, su respuesta fue clara, precisa y contundente:

“Que corran menos y que vivan más. Eso es lo importante”.