por Ariel Senosiain

La venta de futbolistas al exterior, sobre todo desde la devaluación, es lo que mantiene en pie a los clubes. Solamente las instituciones grandes tienen capacidad de reventa con los jugadores que adquieren de otras entidades. Por eso es una necesidad que esos futbolistas a vender provengan de las divisiones inferiores. No obstante el cuidado de la cantera no radica únicamente en la necesidad de luego usufructuar sus productos, sino también en no seguir dándole la espalda a una niñez y una adolescencia que no entienden de variables económicas pero las sufren.
Según las cifras oficiales del INDEC (Instituto Nacional de Estadísticas y Censos), el 40,2% de la población en nuestro país es pobre. El valor bajó en los últimos años, porque a mediados del 2002 trepaba al 57%, pero todavía escandaliza, fundamentalmente porque alrededor de cinco millones y medio de personas vive (¿vive?) en la indigencia.
No son las cifras de África, en cuya región subsahariana la indigencia (des)cubre al 40% de la gente y cuya escalofriante cifra de un niño muerto por hambre cada tres segundos fueron tema mundial hace unos días. Pero son inentendibles en una nación como la argentina, donde sobran los recursos.
Si el presente es lapidario, las consecuencias seguramente sean terribles. Yendo a la micro escala del fútbol, los perjuicios estarán apuntados a la cantidad de chicos con condiciones pero que no podrán cumplir su sueño de jugar a cancha llena. No tanto como en el boxeo pero más que en cualquier otro deporte, las clases bajas tuvieron históricamente en el fútbol su lugar de expresión. Hoy, la desnutrición que afecta a esos estratos los aleja de una actividad con un ritmo físico cada vez más intenso. La falta de una adecuada alimentación provoca cuerpos mal desarrollados y lesiones musculares o tendinitis. Están, también, los que deben llevar dinero a sus casas y abandonan sus carreras antes de empezar a concretarlas. Y existen muchos de grandes potenciales sin bases sólidas para poder triunfar en el deporte.
Miguel Gomis coordina las divisiones infantiles de Racing y dirige la novena de las inferiores; afirma que “al talento se lo sigue buscando en el potrero. Pero los clubes tienen mucho más trabajo una vez detectados esos talentosos. Es en la séptima división, el paso previo a primera, donde se manifiesta la falta de nutrición. Siempre el fútbol sirvió para defenderse de la vida, de las carencias, y por eso siempre fue más común que los ‘distintos’ llegaran de estratos marginados; en las clases altas los chicos tienen otros pasatiempos”. Ricardo De Santis, preparador físico de Argentinos Juniors, piensa que “cada vez cuesta más encontrar habilidosos por varias razones: los chicos tienen menos espacios donde jugar, eligen otras actividades y evidentemente, la imposibilidad de desarrollar sus físicos atenta contra sus intenciones”.
Miguel Micó, quien trabajó en las inferiores de Ferro, Lanús y Racing, tiene una opinión definitiva: “Los problemas alimenticios de los primeros años repercuten en la adolescencia, tanto en lo físico como en la autoestima. Recién dentro de cinco años notaremos las consecuencias de lo que se está viviendo ahora. En la Argentina llueven futbolistas, pero con el tiempo habrá menor cantidad y en consecuencia, se podrá extraer menos calidad. Pretendemos que los jugadores suban muy jóvenes a primera y nos vamos a sorprender cuando muchos no puedan rendir acorde a lo que se pretende”. Micó señala que “en varias áreas del Gran Buenos Aires, que es donde surge el mayor caudal de jugadores, los chicos cenan mate cocido o van a los entrenamientos sin haber desayunado. Se nota fundamentalmente en algunos de los que llegan a probarse y a los 10 minutos quedan exhaustos”.
Ramón Maddoni ha colgado ya 70 camisetas en el Club Parque de los futbolistas que vio nacer y tiempo después llegaron a primera. Con diecisiete años en Argentinos y tres en Boca, es un hombre fuerte en el tema: “Los clubes ayudan en todo lo que pueden. Más que la falta de resistencia a los entrenamientos, la principal dificultad es que por las necesidades económicas, tienen que salir a trabajar desde muy chicos o bien, muchos tienen hijos o se casan siendo todavía adolescentes”.
Es notoria la diferencia entre los clubes grandes y el resto. Boca, por caso, les brinda asistencia psicológica, control diario y para algunos de los que no viven en la pensión, destina un viático que Maddoni reparte, según sus palabras, “de a 10 pesos por día, no los 150 pesos juntos porque los gastan”. River, por su parte, ofrece varias soluciones a los chicos con necesidades, desde su instituto educativo hasta un remis que transporta a aquellos que no tienen fondos ni para llegar a los entrenamientos.
Racing es otro de los clubes que se interesan en estas cuestiones. Cerca de las sesenta promesas que viven en la pensión aledaña al club, trabaja la nutricionista Carola Burstein, quien aporta que “por problemas económicos, los chicos generalmente basan sus comidas en guisos y sopas, alimentos sin la base nutriente de, por ejemplo, los hidratos de carbono, las distintas carnes, los vegetales y las frutas. Tuvimos que trabajar con sus familias, concientizar a los chicos acerca de lo que deben comer. Es difícil corregir las consecuencias de una temprana mala alimentación, sobre todo la baja estatura”. Así como San Lorenzo (Nesquik cubre los gastos de las meriendas), Vélez, Lanús y Estudiantes, Quilmes también es un modelo a destacar (les brinda almuerzo y merienda a los chicos). En otros clubes, algunos juveniles (los que tienen potencial) retiran cada semana canastas familiares con varios productos. Diferentes son los casos de varios clubes del interior y de algunos de Capital Federal, como Ferro, donde el alejamiento de Gustavo Mascardi a cargo del fútbol amateur y profesional marcó el cierre de la pensión para 180 chicos que debieron mudarse al predio de Pontevedra, del cual se encarga, a duras penas, el órgano fiduciario (no pueden conectar el teléfono porque varias veces robaron los cables).
Varios técnicos remarcan la necesidad de darles lugar en las pensiones no sólo a los del interior, sino también a muchos que viven en el castigado conurbano bonaerense. Gomis destaca el caso de Ezequiel Ceballos; apodado ‘Trapo’, cobijado desde su infancia por su abuela, con todas las condiciones técnicas a su favor pero sin reservas en lo físico, Ceballos no desarrolló en Racing lo que amagaba hace un lustro en las juveniles.
Así como De Santis recuerda haber separado varias veces a juveniles que vivían su primera pretemporada con los profesionales luego de no soportar los primeros días de entrenamientos, a Maddoni lo marcó el caso de Diego Sánchez: “categoría 78, la misma que Juan Román Riquelme y Emmanuel Ruiz. Tenía un talento increíble pero necesitaba trabajar para aportar dinero en su casa, su carrera quedó en el camino y hoy vende pescado en la ruta”.
En su momento, Carlos Bianchi promovió a la primera de Vélez a un pibe de 18 años llamado Batalla; como carta de presentación, en una práctica le tiró dos caños en segundos a Roberto Trotta. Su fútbol pedía mucho más, pero no pudo escaparse de su realidad y se quedó en promesas. A esa edad, Batalla acumulaba dos hijos, igual que Gustavo Rodas, talento de las inferiores de Newell’s (otro club anteriormente modelo y que ahora desprotegió sus divisiones menores), pero que lejos está de empezar a adaptarse al profesionalismo.
Vale no quedarse en la visión metropolitana y conocer otras opiniones, porque la Argentina, y mucho menos la pobreza, no termina en la General Paz. Luciano Pellegrini trabaja en las inferiores de Rosario Central, entidad que promovió últimamente a muchos juveniles; él declara que “al club llegan chicos traídos por sus padres en autos importados. Las procedencias cambiaron, evidentemente, porque a la clase baja le cuesta trascender. Se lesionan con mayor facilidad y tardan más tiempo en recuperarse. Es un problema que tiene años, porque todos recordamos que antes de que fuera promovido José Chamot a primera, el coordinador de las inferiores, Aurelio Pascuttini, les dijo a los dirigentes que solamente si el club lo ayudaba en las comidas podría llegar a ser figura. Pero está claro que con los años y la pobreza, este problema se acentuará”. En Central ayudan varios socios, con donaciones que permiten completar bolsas con alimentos para una veintena de chicos que no viven en la pensión y tienen gran futuro. La zona denominada Gran Rosario tiene márgenes alarmantes de pobreza; de allí emergió Gustavo Arriola, “un ejemplo de lo decisiva que es la falta de contención para desarrollar el potencial una vez en Primera”, según Pellegrini.
Las cifras del INDEC dejan datos aún más preocupantes en otras regiones: Corrientes, Santiago del Estero y Concordia superan el 30% de indigencia, mientras que en Jujuy, escala al cuarto de su población.
Víctor Zerpa es el médico de la Primera División del Gimnasia jujeño. Cuenta que “normalmente contamos con chicos de escasos recursos, con poca educación y falta de alimentación. Se suma a que nuestra provincia está a 2300 metros sobre el nivel del mar y el oxigeno escasea. Por eso debemos redoblar esfuerzos para apoyarlos”.
Zerpa detalla la cantidad de pasos que el club transita para cada proyecto de jugador: “en primer lugar, una evaluación cardiológica (el Mal de Chagas es muy común en esta provincia), luego exámenes de parasitología (está comprobado que estas patologías endémicas provocan lesiones musculares), y ya dentro del club, les organizamos dietas que muchas veces contienen aminoácidos, vitaminas y hasta creatina para aquellos que tienen bajo desarrollo de su masa muscular”. Revela que Franco Sosa, figura en el equipo recién ascendido, es un ejemplo claro para este informe: “llegó de Tucumán con menos de 60 kilos, trabajamos junto a él y hoy podemos decir que se acomodó a su altura de 1,80 metro pesando 72 kilos”.
Las antropometrías sirven para medir la composición corporal. El ideal es contar con 70 a 65% de masa muscular y 35 a 30% de adiposa. No son imperiosos estos valores, porque a veces ni los profesionales los alcanzan y se perfeccionan con gimnasio. Pero para actuar en el nivel internacional, estar lejos de esta ecuación es dar demasiadas ventajas. La Selección Sub 17 que jugó hace meses el Mundial de su categoría demostró estas fallas. No tanto la Sub 20, que tuvo entre sus filas a varios “gringos” de importante contextura (Gabriel Paletta, Pablo Zabaleta, Lautaro Formica) y a otros que luego de haber nacido en hogares con necesidades, fueron apoyados por sus clubes o bien recomendados por sus representantes (el caso de Sergio Agüero) para estar mejor rodeados.
Según el licenciado Marcelo Roffé, psicólogo deportólogo de los juveniles de la AFA y presidente de APDA (Asociación de Psicología del Deporte en Argentina), “en el departamento psico-social que conformamos junto a la licenciada Bracco, observamos mucha mayor desocupación y subocupación en los padres de los seleccionados luego de la devaluación. Familias numerosas subsistían con lo poco o mucho que el futbolista recibía del representante, aunque hoy esos efectos negativos de cambio de rol se equilibraron parcialmente”.
Roffé, profesor de la Universidad de Buenos Aires y autor de varios libros (recientemente fue editado “Alto Rendimiento, Psicología y Deporte”), agrega que “lo que notamos es apuro por emigrar. Esto también pudo haberse acentuado luego del 2001 por la nueva convertibilidad. Emigrar sin estar preparado no es recomendable. ‘Todo me pasó demasiado rápido’ es la frase de cabecera de estos chicos, que muchas veces no tienen tiempo psíquico para elaborar tantos cambios en tan poco tiempo. Ese discurso de ‘salvar’ a sus familias a veces lo dicen sin pensar. Devolverles el apoyo y la inversión es distinto a ‘salvarlos’ como si fueran indigentes”.
Muchos entrenadores de divisiones juveniles culpan a los representantes porque actúan como aves rapaces, sobrevolando las mañanas de los sábados para llevarse a los mejores exponentes. Pero también es cierto que muchos de ellos les dan lo que necesitan (cobertura médica, ayuda psicológica, además de becas y botines para cada campo de juego). En todo caso, las familias de los chicos deberían desconfiar de aquellos que representan a muchos chicos y no aparecen asiduamente para conocer sus necesidades (simplemente los conquistan con teléfonos móviles, zapatillas modernas y dinero a sus padres).
Esas mañanas de los sábados están repletas de historias. Historias de sacrificio, que tendrán final feliz en un ínfimo porcentaje debido a un abanico de causas: falta de constancia, un físico que no aguanta o la necesidad de salir a trabajar. Demasiados problemas hay en el presente como para empezar a preocuparnos por el futuro, pero que quede claro que en los años que se aproximan, no sólo habrá caras femeninas idénticas, cirugía mediante, y celulares multifunción.