José Carlos Caracuel Tubío (Universidad de Sevilla, Esp.)  & Félix Arbinaga Ibarzábal (Universidad de Huelva, Esp.)  

La vigorexia es una alteración del comportamiento de tipo adictivo caracterizada -entre otras cosas- por una práctica abusiva de ciertas actividades gimnásticas encaminadas a potenciar la musculación más allá de lo considerado natural. Este fenómeno ha sufrido un gran incremento en la última década, posiblemente motivado por la influencia de determinados valores sociales y mediáticos  que resaltan  los  atributos  físicos,  especialmente  la  construcción  de un  cuerpo “perfecto”. Parece que es la población masculina la que más refleja este tipo de alteraciones pero últimamente se observa un notable incremento en la población femenina. Así, por los datos procedentes   de   los   Estados   Unidos -a   falta   aún   de   los correspondientes   al   ámbito Latinoamericano- se estima que 1 millón de personas podían ser consideradas vigoréxicas; en España, por ejemplo, se calcula que la cifra podría alcanzar los 50.000 (un 0.13% de la población).

Algunas prácticas comportamentales pueden servir como pistas para la pronta detección así como para la prevención del trastorno. En este sentido, ciertas pautas educativas y el reforzamiento diferencial de determinados valores y actitudes pueden ayudar considerablemente a prevenirlo y erradicarlo. Igualmente, las pautas de conducta características de estas personas nos ayudan a la elaboración de un perfil diferencial de este trastorno que nos permita identificar a quienes lo sufren, distinguiéndolos de los meros deportistas o practicantes de cierto tipo de ejercicio (pesas, musculación, etc.). Entre dichas características se encuentran:

  • se ven a sí mimos excesivamente delgados, aunque tengan un cuerpo musculoso · manifiestan una excesiva preocupación por su cuerpo
  • dedican varias horas al día a pensar en ello (pensamientos incontrolados)
  • pasan un considerable número de horas en el gimnasio realizando ejercicios de una alta intensidad
  • lo anterior implica a menudo el abandono de otras actividades habituales
  • siguen dietas e ingieren sustancias como las anteriormente mencionadas repiten conductas obsesivas del tipo de:

–                    pesarse varias veces al día

–                    mirarse frecuentemente al espejo

–                    comparar su cuerpo con el de otros, sobre todo compañeros de gimnasio

 

  • practican rituales repetitivos que producen tics (determinadas posturas, por ejemplo). Tienen sensación de fracaso (social, personal).

Un tratamiento completo debe incluir a todos los profesionales relacionados con los distintos tipos de desajustes que se produzcan. En el ámbito psicológico debería llevarse a cabo un triple análisis previo a cualquier intervención: 1) de los factores previos al trastorno que influyen en su aparición, 2) de los factores que mantienen el problema, una vez desencadenado, y 3) de las estrategias de prevención. En cuanto a estas últimas, deben abarcar y llevarse a cabo en los contextos familiar, educativo e individual; descuidar alguno de ellos puede abocar al fracaso.