Lic. Alejandro Sosa

No es secreto que en los últimos veinte años el índice de consumo de estupefacientes (drogas), se ha incrementado en proporciones alarmantes, ello se debe a múltiples causas que podrían generar un amplio debate, pero me dedicaré a enfocar solo un aspecto, el psicológico. En este aspecto, también se han producido modificaciones en los distintos sistemas sociales y familiares que, de un modo directo o indirecto, han contribuido al crecimiento de dichas cifras. En drogadependencia se sabe que el trabajo de prevención es sumamente importante, lamentablemente no siempre es realizado por profesionales especializados en el tema y, por lo tanto, los resultados obtenidos, no siempre se correlacionan con los deseados.
Ahora bien, haciendo un paralelismo con el deporte, también se observan porcentajes que se han incrementando en los últimos veinte años. No solo en el aumento de deportistas que se vieron involucrados en el consumo de drogas, afectados, no solo en su vida deportiva, sino también en aspectos personales y sociales; con el agravante que, en muchas ocasiones, por ser figuras reconocidas, han sufrido públicamente otro tipo de consecuencias; sino también, en otros que equivocadamente acudieron al doping como artimaña para mejorar su rendimiento deportivo. Muchos son los casos de deportistas de élite que han sufrido serios problemas de salud tras acudir al doping con fármacos prohibidos. El caso de Ben Johnson fue, quizás, el más conocido. El de Florence Grifith, el más doloroso, ya que desembocó en su muerte.
Aquí, frente a esta problemática, podemos encontrar otra similitud con el inconveniente en las adicciones: el aspecto psicológico – preventivo del doping también se encuentra en déficit.
Zapatero a sus zapatos.
Quizás sea hora de permitir que los especialistas sean quienes se dediquen a implementar las soluciones adecuadas, ahí en el lugar donde faltan y son necesarias. Gracias al entrenamiento, al esfuerzo, los seres humanos logramos exprimir al máximo nuestros potenciales naturales. La fuerza de carácter, tan codiciada por algunos, que desde el fondo mismo de la Naturaleza nos impulsa hacia desafíos superiores, superando nuestras propias metas, trazando más y nuevos límites o desafíos por vencer.
Separemos dos aspectos concernientes al doping, por un lado tenemos el error por la “falta de información”, y por el otro, la intencionalidad de perseguir otros tipos de benéficos con un incremento en el rendimiento deportivo, ya sea de un atleta o un equipo. Lamentablemente la prevención difícilmente funcione frente a las malas intenciones, por tal motivo dejaré este aspecto de lado, para abocarme a los otros.
Se puede decir que la naturaleza del doping se ha ido modificando: ante todo, el acto de doparse ya no es, salvo excepciones, el acto aislado de un deportista el día de la competencia. Cada día aún más se centra en el empleo de métodos sistemáticos y organizados dentro de algunos equipos que utilizan los resultados del progreso científico con objetivos contrarios a la ética; por ejemplo, utilizando sustancias que permitan enmascarar los productos dopantes en los análisis antidoping.
Una consideración para tener en cuenta es la gran comercialización que está repercutiendo en el deporte, en particular la explosión en los medios y en los derechos televisivos unidos a grandes contratos de patrocinio. Dicha comercialización, con sus consecuentes repercusiones económicas y financieras, han conducido al incremento en el número de competiciones deportivas y por ende a la disminución del tiempo necesario de recuperación, lo cual trae aparejado, como consecuencia, la reducción en la vida deportiva del profesional. El entorno del deportista en su conjunto, desde el entrenador al médico, pasando por el dirigente y los miembros de la familia, puede contribuir a aumentar la presión que el deportista debe soportar. La figura del psicólogo deportólogo debe oficiar dentro de este marco, considerando los aspectos preventivos y éticos, asesorando y mediando entre las distintas instancias.
Gran parte de estos problemas afecta a los deportistas más jóvenes, dado que las carreras deportivas comienzan a una edad cada vez más temprana. Debe prestarse especial atención a los más vulnerables, en particular los niños, quienes pueden verse muy influidos por el deporte de alto nivel.
El deporte es, en la actualidad, una de las actividades humanas más practicadas. Tanto a nivel profesional como amateur, ya sea diaria u ocasionalmente, millones de personas participan en distintas ctividades deportivas o físicas. Además de los amplios beneficios que el deporte brinda a la salud, desempeña un importante papel tanto a nivel económico como social.
El doping induce paulatinamente al abandono del entrenamiento metódico, debido a la falsa sensación de seguridad que produce. Participa de la sociedad artificial, del consumismo, del resultado fácil, transformando la competencia en competitividad. Atacando directamente la lealtad deportiva y causando riesgos significativos para la salud. Debe considerarse como una conducta de riesgo, que bien puede desembocar en una adicción. La sociedad, y mucha gente del ambiente deportivo, posee poca información al respecto, es menester de un buen acto preventivo que la ignorancia no se convierta en excusa.
Es necesario movilizar los instrumentos comunitarios y sociales para implementar las acciones necesarias que contemplen el aspecto psicológico del deportista que recurre al doping. Generalmente, ante la presencia de un análisis con resultado positivo, lo primero que se piensa, coincidentemente es sobre lo primero en que se actúa, la sanción disciplinaria. Si bien la sanción es un aspecto importante y necesario, se encuentra ampliamente comprobado que de por sí misma es insuficiente, se debe complementar con la obligatoriedad de consultar el aspecto “curativo” del problema. Es bien sabido que, salvo raras excepciones, los deportistas que incurren en el doping, por más sanciones que reciban, vuelven a hacerlo.
Es profeso, cada día más, privilegiar la ética y reforzar la protección de la salud del deportista, recurriendo a los especialistas adecuados. Aunque en muchas ocasiones la ciencia y la intuición coinciden, la ciencia psicológica – deportiva ha superado claramente dicho límite, brindando posibles soluciones a problemas en donde “la experiencia personal” ayuda, pero no alcanza. El trabajo interdisciplinario con los deportistas es fundamental, donde cada profesional pueda cumplir con su rol, sin invadir el del otro (zapateros a sus…).
Así como todos los ciudadanos poseen por ley el derecho a la seguridad y la salud (dentro del ámbito de la política de la Salud Pública), de igual modo deben beneficiarse los deportistas. Haciéndose necesario adoptar una mirada de protección sobre los deportistas jóvenes, y en especial los que sueñan con convertirse en profesionales.